EL BRUJO, 06:30 horas del 30 de julio de 1898¡Calen… Bayonetas! …¡Ar! –Las órdenes se sucedían a lo largo de toda la línea española, cerca de 4.000 soldados de infantería de los regimientos del Rey, Mallorca, Covadonga, Garellano y Tetuán que formaban la primera oleada. Tras ellos, los hombres de los regimientos América, Borbón, Isabel II, y Pavía hacían otro tanto, dispuestos a apoyarles. Un poco más lejos, 1.200 jinetes de los regimientos de lanceros del Rey y Hernán Cortes desenvainaban sus sables dispuestos a romper de una vez por todas las líneas enemigas. De fondo, la artillería pesada española disparaba con más virulencia que nunca sobre las primeras líneas norteamericanas.
Frente a ellos, los soldados del 9º regimiento de infantería se encogían dentro de sus trincheras, tratando de escapar del feroz bombardeo al que eran sometidos. Tan solo a las 06:30, cuando el bombardeo de la artillería pesada ceso, los 500 hombres del regimiento asomaron las cabezas dispuestos a enfrentarse a la infantería española que, acababa de pasar al asalto. Pronto, los secos estampidos de sus fusiles Krag Jorgensen se adueñaron del ambiente, lanzando una lluvia de proyectiles sobre las tropas que les atacaban.
Como ya pasara 19 días antes, ahora era el turno de los españoles de verse inmovilizados contra el suelo. Sin embargo a diferencia de entonces, los fusiles Krag carecían de la capacidad para recargarse por medio de peines de munición, ralentizando el proceso de recarga. Gracias a ello la infantería española era capaz de avanzar varias decenas de metros entre recarga y recarga, aproximándose lentamente a las tropas norteamericanas.
Para empeorar las cosas, los cañones de montaña españoles habían entrado en acción, regando las trincheras norteamericanas con sus granadas de metralla. Estas trincheras a diferencia de las tipo carlista españolas, acumulaban la tierra excavada frente a ellas para proporcionar una protección adicional, facilitando así su localización y la apreciación de distancias de los artilleros. En una de ellas, el coronel Watson, comandante de la brigada en sustitución de los caídos el día 1, observaba como los españoles se acercaban cada vez más. Aun peor, algo más lejos estaban tratando de acercar varias ametralladoras a su posición.
-¡Capitán!Que los tiradores concentren el fuego sobre aquellas ametralladoras. ¡Rápido! –Ordeno en un intento de mantenerlas alejadas de sus posiciones. Sin embargo, aunque lograron alcanzar a varios de sus sirvientes, las ametralladoras continuaron acercándose lentamente a sus posiciones.
A varios kilómetros de allí, la retaguardia de la división de Lawton se estaba retirando tan rápido como era capaz. Dos horas antes, los soldados del 7º de infantería habían abandonado en silencio sus trincheras, escapando del bombardeo al que los estaban sometiendo los cañones de montaña de la división española. Afortunadamente, habían logrado escapar con varios cientos de hombres, aunque a costa de dejar atrás a 89 soldados heridos, abandonados para cubrir la retirada.
Cerca de allí, el general Luque se extraño de la escasa actividad que divisaba en las trincheras norteamericanas, por lo que ordeno a sus tropas pasar al ataque, lanzando a su infantería a la carga. Minutos más tarde las posiciones norteamericanas estaban en su poder.
Para ese momento, en el Brujo, las ametralladoras españolas ya habían entrado en posición y desde hacia diez minutos las estaban regando con sus disparos las trincheras norteamericanas causando grandes bajas entre sus defensores.
-El fuego defensivo enemigo es cada vez más escaso. –Dijo el general Manrique, dirigiéndose a uno de sus ayudantes.
–Mensaje para el coronel Domingo (1), es hora de que la caballería cargue sobre el enemigo.5 minutos después casi dos mil jinetes(2) se lanzaban a la carga rompiendo por fin las líneas norteamericanas, y permitiendo a la infantería capturar las trincheras.
El coronel Watson había caído alcanzado por una ráfaga de ametralladora, 10 minutos antes.
En el Siboney, el estado mayor de Miles trataba de seguir los avatares del combate.
-La retaguardia de la 1ª división ha caído, general Miles. –Estaba diciendo el coronel McClenard, jefe del estado mayor.
–Los españoles avanzan hacia el oeste, y amenazan con impedir el repliegue de Bates.
-De acuerdo, envíe al 2º de Oregon para ralentizar el avance español, y que los voluntarios de Pensilvania les apoyen. Esperemos que Bates logre separarse de sus perseguidores. ¿Cómo están las fuerzas de Lawton?
-El general Lawton ha logrado replegarse con la mayoría de sus fuerzas. –Respondió McClenard.
-Gracias, en ese caso ordénele que ocupe las posiciones al norte de la granja del norte de la playa. Cuando lleguen los españoles debemos tener una línea consolidada.
-Si mi general.Durante una semana, las tropas de Bates y los cubanos de Calixto García se habían batido como leones defendiéndose de los ataques de la brigada Escario, algo muy complicado al carecer de artillería y enfrentarse a 6 cañones Krupp y 2 modernas ametralladoras. A pesar de todo, y apoyándose en la difícil orografía y densa vegetación, habían logrado repeler uno tras otro los ataques españoles. Ahora en cambio todo había empeorado, las tropas de Escario por fin se empleaban a fondo en lo que era un ataque total, aun peor, los cubanos de Calixto García, estaban huyendo para regresar al interior de la isla.
-El general Calixto ha huido con sus 2.000 hombres. –Dijo el mayor Jordan, comandante accidental del 3º de infantería.
–Mi regimiento esta empezando a ser flanqueado.
-¡Malditos cobardes! –Maldijo el capitán Kaczynski.
-No diga tonterías capitán. –Le reprendió Bates.
–Los cubanos han aguantado a nuestro lado durante días a pesar de carecer de armas. No podemos reprocharles que ahora, que nuestra derrota es segura, traten de regresar a sus bases en el interior. Nosotros estamos haciendo lo mismo para ser evacuados por mar.
-Si mi general, lo siento. –Respondió el capitán.
–Pero si hubiesen aguantado un poco más podríamos haber retrocedido hacia la costa en orden.
-Pero a costa de su sacrificio, capitán. –Afirmo Bates.
–Si hubiesen esperado más, los hubiesen cercado con nosotros. Veo que no lo entiende, capitán. –Continuo Bates al ver la cara de extrañeza de Kaczynski.
–Si nos capturan, nosotros estamos protegidos por las convenciones de la guerra, ellos en cambio serian tratados como traidores y ahorcados. Si querían tener una oportunidad de salvarse era ahora.
-Mi general, los españoles están a nuestra retaguardia, estamos cercados. –Dijo un joven teniente que llegó corriendo.
-¿Han logrado partir los correos?
-Si mi general.
-De acuerdo entonces, tratemos de ganar un poco de tiempo, hay que aguantar como sea. Capitán Kazcynski, usted prepare una bandera blanca. Si las cosas van mal ganaremos tiempo para el resto del ejército negociando nuestra rendición.A las 10:20, acometidos desde todas direcciones, la bandera blanca fue izada en las posiciones de la brigada independiente, saliendo Bates a negociar la rendición con Escario. Por fin, más de 2 horas después, los 600 hombres que restaban a la brigada de Bates se rendían a las fuerzas españolas.
- El coronel Domingo Borry Sanz de Tejada, comandante del Rgto. de lanceros del Rey.
- Regimientos de Lanceros del Rey, Hernán Cortes, 3 compañías de la Guardia Civil a Caballo, y 3 de voluntarios.
A todo hombre tarde o temprano le llega la muerte ¿Y cómo puede morir mejor un hombre que afrontando temibles opciones, defendiendo las cenizas de sus padres y los templos de sus dioses?" T. M.