Otra que no es recordada es la de Liberia.
País fundado en el siglo XIX por esclavos liberados en Estados Unidos, no sufrió la descolonización de los años '60, y se mantuvo estable hasta 1980, en que el sargento Samuel Doe decidió que él era lo mejor para el país. Gobernó con mano de hierro hasta 1990 en que Charles Taylor y su Frente Patriótico iniciaron la revuelta.
A sangre y fuego llegaron hasta la capital, Monrovia, donde los insurgentes, contaminados por el poder tan cercano, se dividieron.
La década del 90 fue una seguidilla de conflictos; Doe fue asesinado en 1990 y pocos meses después el país tenía cuatro presidentes.
Un sin número de acuerdos de paz, de guerras que tuvieron hasta siete bandos en pugna y de Consejos de Gobierno compartido terminaron en la elección de Taylor en 1997.
Taylor se hizo en forma gradual con la industria forestal, la de diamantes y otros sectores de la economía.
En 1999 respaldó a grupos rebeldes de la vecina Sierra Leona, por lo que un Tribunal Especial de la ONU lo acaba de acusar de violación a los derechos humanos.
Ante el deterioro, Taylor se aferró al poder todavía más y comenzó a limitar las libertades. Todo culminó cuando dos grupos rebeldes se apoderaron del 60% del territorio y amenazaron con tomar la capital.
En medio, los civiles, hasta 1996 murieron 200.000 personas, cientos de miles huyen de la guerra a países vecinos.

"La guerra es una matanza entre personas que no se conocen, para provecho de personas que sí se conocen, pero que no se matan”. decía Paul Valery.