Con esta creencia envió como embajador a Cineas para intentar establecer un tratado de paz en el cual Roma debía renunciar a sus intereses en el sur de Italia. Roma no podía aceptar estas demandas; recordemos a aquella facción o "nueva nobleza de dinero" que, reforzada por la Lex Hortensia, tenía puestas sus miras en la zona.
La tradición cuenta que hubo un intenso debate en el senado el cual fue interrumpido por Apio Claudio el Ciego (Appius Claudius Caecus), fiel representante de esa facción.

“Antes - dijo- me era molesto ¡Oh Romanos! el infortunio de haber perdido la vista; pero ahora me es sensible, como soy ciego, no ser también sordo, para no oír vuestros vergonzosos decretos y resoluciones, con que echáis por tierra la gloria de Roma. Porque ¿dónde está ahora aquella expresión vuestra, celebrada siempre en la mazmorra de todos los hombres, de que si hubiera venido a Italia el mismo Alejandro el Grande, y hubiera entrado en lid con vosotros, todavía jóvenes, o con vuestros padres, que estaban en lo fuerte de la edad, no se le apellidaría ahora invicto, sino que con la fuga o con la muerte habría dado a Roma mayor fama?. Estáis dando pruebas de que aquello no fue más que una vana jactancia y fanfarronada, temiendo a los Caonios y Molosos presa siempre de los Macedonios y temblando de Pirro, que nunca ha hecho otra cosa que seguir y obsequiar a uno de los satélites de Alejandro, y en vez de auxiliar allá a los Griegos, por huir de aquellos enemigos, anda errante por la Italia, prometiéndonos el mando de ella con unas fuerzas que no bastaron en sus manos para conservar una pequeña parte de la Macedonia. Ni creáis que lo alejaréis haciéndole vuestro aliado, sino que antes provocaréis a los que os mirarán con desprecio, como fácil conquista de cualquiera, si permitís que Pirro se vaya sin pagar la pena de los insultos que os ha hecho, y antes lleve premio de que se queden riendo de vosotros los Tarentinos y Samnitas”. Plu. XIX
Se despide a Cineas con un mensaje dirigido a Pirro instándole que abandone Italia.