Estimados todos:
Ismael escribió:Suponer que, para el siglo XVI, el que todavía se resiste a convertirse del todo al cristianismo va a ser genéticamente diferente que aquél cuyos bisabuelos ya lo hicieron a lo mejor es mucho suponer...
Exacto. Como tampoco hay diferencia génica entre un bosnio ortodoxo, otro católico y un tercero musulmán.
Mig43 escribió:Tampoco entiendo este afán por desmentir estos datos genéticos. La historia antigua se está revolucionando con esta herramienta que antes no existia, y es lógic o que rompa con ideas preconcebidas. Al fin y al cabo una conquista militar suele implicar la llegada de grupos relativamente pequeño de nuevos genes. Otra cosa es que es flujo se mantenga durante varios siglos y se combine con guerras y genocidios constantes como ocurrió con la conquista e Iberia por los romanos.Ahí si hay huella genética.
Pero los ejercitos arabes eran relativamente pequeños en comparación a toda la población hispanorromana y no hubo exterminio de poblaciones como sí hicieron los romanos.
No hay nada que desmentir ni nada que asistir.
Partamos de la base de que estos estudios establecen diferencias genéticas en función de variaciones de un único gen o, como hace el estudio, diferencias en ciertas regiones cromosómicas. Las conclusiones pueden diferir en función de las características analizadas, no tanto en diferenciar poblaciones sustancialmente distintas como en el grado preciso de "familiriadad". Es decir, casi todos coinciden en que las poblaciones del centro de África están más alejadas genéticamente de los inuits que los aborígenes americanos de Norteamerica. Otra cosa es establecer la distancia genética exacta entre poblaciones en sí misma.
Hay veces en que los marcadores estudiados pueden aportar conclusiones erróneas. Por ejemplo, si se estudia la variabilidad genética de los genes que codifican la hemoglobina en Sicilia, Córcega o Cerdeña se puede concluir que los naturales de esas islas son poblaciones muy diferentes a las de los europeos continentales y están muy cercanos a las poblaciones de las selvas africanas, porque con frecuencia se encuentran genotipos propios de poblaciones negras africanas.
Algunas de esas variaciones conducen a la síntesis de hemoglobinas "aberrantes" y a la talasemia y a la anemia falciforme. Curiosamente esas mismas variaciones inducen resistencia a la malaria. Ergo, la frecuencia con la que se encuentran esas variaciones no se debe a una proximidad familiar sino a la presión selectiva sobre la población: aquellos resistentes a la malaria podían tener más posibilidades de llegar a la edad reproductora, a pesar de poder tener hemoglobinas "raras", que los que no poseían esas alteraciones. En África y en las islas.
En el caso concreto del estudio, no hay ningún propósito acientífico ni político. Nadie pretende negar la herencia cultural, politica, histórica y militar de los árabes en España, sino calcular cuánto de la impronta genética ha quedado en la población actual española.
Hay veces en que los fenómenos históricos han dejado huella genética: como el análisis de los restos de la edad del Bronce en el actual Israel, que establece que la población era el producto de una mezcla de ancestros procedentes de Irán, de Anatolia y de autóctonos de esa zona del Levante oriental. Es decir, las migraciones de población, las invasiones militares y la sucesión de potencias militares dejaron su correspondiente huella genética en la población de su tiempo (ver:Harney E y col. 2018. Ancient DNA from Chalcolithic Israel reveals the role of population mixture in cultural transformation. Nat Commun. 9. 3336).
Otras veces, se ve con sorpresa que las "invasiones" no tuvieron la huella genética prevista. Por ejemplo, en el sureste de Inglaterra, la población actual mantiene alguno de los rasgos comunes de la gente que construyó Stonehenge, por ejemplo, pero tienen una mayor carga genética procedente del sur de Europa que de los procedencia anglosajona y mucho mayor que los de procedencia normanda. Es algo que a muchos británicos les puede costar reconocer. Los intercambios ocurridos durante toda la edad de hierro y, especialmente, el dominio romano, dejaron más huella genética que las invasiones anglosajonas y normandas, a pesar de que cultural y lingüísticamente, Inglaterra le deba más a estos últimos que a los romanos.
En este caso, la herencia cultural árabe parece muy superior a la huella genética. Nada que objetar y poco sorprendente, si se analiza la Historia. Es cierto que grandes personajes musulmanes (o judíos) españoles, viajaron profusamente por África y otros territorios musulmanes, pero eso no solía ocurrir con la población general. Las migraciones masivas no fueron frecuentes. En gran parte era la población local la que tenía diversas creencias religiosas.
Otra cosa es que haya gente de mollera complicada y estrecha que no asume aún que el periodo de dominio musulmán en España fue un fenómeno generalmente tan español como el resto de la Historia de este país. Puede que algún indocumentados del partido Vox castigue fieramente a los bustos de Abderramán III, por ser peligrosamente musulmán y con nombre árabe. Pero esos indocumentados no se dan cuenta que ese Abderramán III era tan español -y genéticamente españolísimo- como O'Donnell. La diferencia es que el general procedía de una familia irlandesa establecida en España unos 200 años antes del nacimiento de Don Leopodo, mientras que Abderramán procedía de una larga cadenas de emires nacidos en Córdoba y Toledo mezclados con población originariamente española-, con ancestros muy lejanos llegados 2 siglos antes de Oriente.
Saludos.