Se decide que Eumenes prepare al cónsul y a su ejército la travesía del Helesponto y que la flota romana retorne a Samos para permanecer allí fondeada e impedir que Polixénidas se moviera de Éfeso.
La flota rodia iba a actuar sola. Al mando de un tal Panfílidas habían sido enviados pocos días antes 13 navíos reforzados con 4 naves que guarnecían Caria para hacer frente a una flota que, según rumores, venía de Siria. Cuando Eudamo deja a la flota romana en Samos se acuerda que se una a Panfílidas con los 13 navíos que llevaba; además se le dan 6 naves descubiertas de refuerzo.
Eudamo acelera la marcha y alcanza a Panfílidas cerca del puerto llamado Megiste. Desde allí llegan a Fasélide en formación única y se acuerda esperar en ese punto al enemigo. Pero debido a lo insano del lugar así como a la época del año, pues era a mediados del verano, aparte de los olores desacostumbrados, comienzan a aparecer enfermedades generalizadas sobre todo entre los remeros, cosa que no habían previsto. Parten, por miedo a esta epidemia, y navegando por el golfo de Panfilia la flota aborda en la desembocadura del Eurimedonte.

Allí se enteran por los habitantes de Aspendos de que los enemigos se encontraban cerca de Sida. También la flota real descubre la presencia de los rodios desde las atalayas cercanas.
Los rodios tenían 32 cuadrirremes y 4 trirremes. La del rey era una flota de 37 navios de mayor tamaño, entre los cuales contaba con 3 hepteres y 4 hexeres; además de éstas había 10 trirremes.
Al día siguiente al amanecer salen de puerto dispuestas a combatir aquel mismo día, y nada más doblar el promontorio que avanza hacia el mar desde Sida, los rodios avistan a los enemigos y al mismo tiempo son avistados por ellos.
En la flota real, Aníbal mandaba el ala izquierda, que se extendía hacia alta mar, y Apolonio, un alto dignatario, mandaba el ala derecha, y tenían ya las naves alineadas proa al frente. Los rodios llegan en una larga hilera; en cabeza iba la nave capitana de Eudamo, cerraba la marcha Caríclito, y mandaba el centro de la flota Panfílidas. Eudamo, al ver la flota enemiga en formación de combate, se dirige a su vez hacia alta mar y acto seguido da orden de que las naves que lo siguen formen una línea frontal manteniendo el orden. Esta maniobra genera confusión en un principio, pues no se había adentrado en el mar lo suficiente como para que pudieran desplegarse en línea hacia tierra todas las naves, y, con las prisas, se enfrenta a Aníbal demasiado precipitadamente con sólo 5 navios; los demás no lo seguían porque habían recibido orden de formar una línea frontal. A los últimos de la columna no les quedaba espacio alguno hacia tierra, y mientras se entorpecían unos a otros, en el ala derecha se combatía ya contra Aníbal.
Pero en un instante la situación cambia, imponiéndose la calidad de los navíos y la experiencia marítima rodia. Por una parte, sus naves se desplazan rápidamente mar adentro dejando sitio hacia tierra cada una a la que venía detrás, y al mismo tiempo, cuando alguna golpeaba con su espolón a una nave enemiga, le destrozaba la proa o le barría los remos o pasaba libremente entre las filas y la atacaba por popa. El mayor golpe de efecto lo provocó el hundimiento de una heptere real, con una sola embestida, por una nave rodia mucho más pequeña, con lo cual el ala derecha enemiga se vió claramente abocada a la huida.
Mar adentro, Aníbal, gracias sobre todo al número de sus naves, acosa a Eudamo, netamente superior en los demás aspectos; y, lo habría rodeado, de no ser porque se alzó en la nave pretoria la señal que habitualmente se empleaba para reagrupar la flota dispersa, y todas las naves que habían vencido en el lado derecho acudieron a prestar ayuda a los suyos. Entonces también Aníbal y las naves que estaban a su alrededor emprendieron la huida.
Los rodios no pudieron perseguirlos debido a que una gran parte de sus remeros estaban enfermos. Eudamo observó a los enemigos llevando a remolque de sus naves descubiertas las naves a la deriva o averiadas, y que eran poco más de una veintena las que se retiraban indemnes.
• Para evitar que pudiera reunirse Aníbal con la flota de Éfeso, desde Rodas se envió a Caríclito con 20 navíos de espolón a Pátara y al puerto de Megiste.
Por su parte, Eudamo vuelve con la flota romana en Samos con las 7 naves más grandes de la flota que había mandado; también llevaba la misión de convencer a los romanos de que se tomara Pátara al asalto.