Colombia, país atractivo para inversionistas, en especial, españoles
Eso cree Adolfo Suárez, que lleva el nombre de su padre, el ex presidente del gobierno español.
Le contó a EL TIEMPO que Colombia es un destino en ebullición para los negocios. Aunque lleva 25 años visitando al país para vincular inversionistas europeos a negocios nacionales, solo hasta hace pocos días pisó una calle bogotana, porque ya no hay temor, porque la inseguridad ha desaparecido.
¿Qué tanto interés hay entre los inversionistas españoles de venir a Colombia?
Entre España y los países suramericanos hay un vínculo permanente, yo me atrevería a decir que indeleble, con independencia de las coyunturas económicas. Lo hay desde un punto de vista político y personal, familiar entre todos estos países.
Respecto de Colombia, puedo decirle que llevo 25 años viniendo a este país y esta es la primera vez que piso una calle colombiana.
Hasta hace muy poquito, cada vez que venía era recogido en el aeropuerto en un carro blindado, me llevaban de un sitio a otro, tenía reuniones cerradas y prácticamente no me dejaban salir a ningún lado.
Acabo de venir caminando desde un edificio donde hemos tenido una reunión, muy cerca de aquí, y no pasa nada, hay una enorme normalidad. Uno se pasea por las calles de Bogotá un sábado, un viernes y observa un bullicio de gente entrando y saliendo de negocios, comercios, restaurantes, de todo lado. Colombia ha tenido un cambio brutal, yo diría que radical, en los últimos ocho años.
¿Qué cree que ha cambiado?
Esa toma de conciencia de que se pueden retomar las riendas del país, de que se puede dar un giro copernicano a la situación, unida a la gran formación del colombiano medio, ha hecho que Colombia sea un país tremendamente atractivo para cualquier inversor, y especialmente para los españoles.
De hecho aquí están las grandes empresas españolas: los bancos, las comunicaciones, las editoriales, y eso hace que las demás que prestamos servicios, como hacemos los abogados, vayamos detrás de ellos. Los despachos de abogados son un cruce de caminos, de información que nos marca una dirección y, sin duda, Colombia, para todas las empresas españolas, es un punto de inversión preferente.
¿Sabe usted de más empresas españolas o europeas que quieran venir a Colombia?
Muchas. El secreto profesional no me permite dar nombres, pero el hecho de que yo esté aquí asociándome con un despacho colombiano, que esté invirtiendo desde mi empresa aquí, es porque estamos viendo que estamos siendo demandados por muchos clientes para acompañarlos en esa aventura americana.
Le aseguro que no es ni una, ni dos, ni tres, sino muchas más, y de una gran importancia, las que están llamadas a venir hacia acá.
¿Ven ustedes, como empresarios, nuevas y buenas oportunidades de negocio en Colombia en estos momentos?
Absolutamente. Y negocios inmediatos. No es gente que, por ahí, está esperando... ¡No, no! Son empresarios que nos han pedido que organicemos su llegada. Tenemos que constituir una sociedad aquí, tenemos que tomar el control de sociedades allí, llévenos, ayúdenos, en fin...
¿En qué áreas están las inversiones más atractivas?
Grandes constructoras, empresas de servicios, infraestructura, servicios, comunicaciones... La banca ya está aquí, pero está ampliando su negocio. Le aseguro que Colombia es prioritaria desde el punto de vista nuestro.
En este momento, además de las empresas que ya están asentadas, hay muchas perspectivas de nueva inversión inmediata. Hay empresas españolas importantes que no están aquí, que no tienen ningún tipo de representación aquí, y que nos piden que empecemos a constituir la estructura jurídica para venir ya.
¿Cuál es ese elemento que está surgiendo aquí en Colombia para que empresarios españoles tengan ese afán de venir a invertir?
Ni más ni menos que ustedes los colombianos. Son ustedes los que crean las condiciones necesarias para que, desde fuera, desde el resto del mundo, se vea a Colombia como un país atractivo para los que nos hemos casi criado en América, los que hemos vivido la mayor parte de la vida profesional en América.
Hubo momentos en los que era difícil vender a Colombia.
Ahora, Colombia se está desprendiendo de una etiqueta, de una vestimenta francamente incómoda, que era el narcotráfico, las Farc, los paramilitares, la guerrilla, todo eso está empezando a caerse, y no era nada fácil.
Eso ha propiciado que haya más confianza en Colombia...
¡Claro! Se está viendo una nueva Colombia, una Colombia potente, una Colombia capaz de generar inversión. Hay que tener en cuenta que Colombia es uno de los países más grandes de toda la región, con 47 millones de habitantes, un país absolutamente comparable en proporción y en mercado a España, y eso hace que se tenga muy en cuenta a este país.
Y si no se ha venido antes es precisamente por ese lastre que ha tenido adosado. En la medida en que está mostrando que efectivamente es capaz de desprenderse de eso, la inversión es absolutamente lógica: llega. No podría darle cifras, pero son realmente importantes.
¿Sabe de otros países distintos a España, de la Comunidad Europea, que estén interesados en esta aventura española, como usted la llama?
Francia tiene empresas deseando entrar aquí, con encargos para abrir mercado. También, Inglaterra, Alemania y Estados Unidos, por lo menos que me conste a mí, pero estoy convencido de que habrá muchas otras interesadas.
¿Qué aspectos pudieron ser los causantes de ese despertar?
Por cualquier plaza financiera importante del mundo que uno pase, ni qué decir España, se oye hablar de Colombia como un punto realmente atractivo. Me encantaría decirle todavía más, pero no hace falta tener el oído muy afilado para escuchar estas noticias.
Sinceramente, creo que el gobierno de Álvaro Uribe y la línea que está marcando el actual gobierno de Juan Manuel Santos son tremendamente positivos. Yo siempre digo que, por mucho liderazgo que tenga un país, es necesaria una base social para que ese liderazgo pueda consolidarse y pueda venderse al mundo, y Colombia, la verdad, sorprende a cualquier visitante.
¿Qué destacaría de ese nuevo clima de negocios?
Me llama la atención (y no quiero meterme en problemas políticos) la independencia de los poderes judiciales respecto del poder político; ese cambio en la seguridad que se ha producido aquí; y sinceramente creo que es fundamental, porque si en algo ha pecado América Latina es por falta de seguridad, tanto personal como jurídica; sobre todo desde el punto de vista de la inversión.
Sobre esto último, he tenido la oportunidad de estar en la Corte Constitucional, he visto a rectores de universidad, profesores de derecho, despachos de abogados, todo dentro de mi rama profesional y la verdad es que, con independencia de las opiniones que puedan tener, ya personales, políticas o de alguna tendencia, lo cierto es que la discusión jurídica es profesional, no hay injerencia política. Es decir, la Corte Suprema decide con absoluta libertad e independencia; la Corte Constitucional, hemos visto cómo ha tumbado medidas ahora mismo al Ejecutivo; no entro y no quiero entrar como extranjero en si tiene razón o no, pero lo cierto es que se da y eso simplemente indica una independencia, todo esto revela una salud democrática envidiable.
¿Desde cuándo empezó a marcarse esa nueva tendencia?
Hay muchas empresas, especialmente españolas y en el mundo de las editoriales, que llevan aquí funcionando mucho tiempo. No podría decir cuándo se produjo ese punto de inflexión, pero lo cierto es que ahora mismo, si tuviera que decir cuál es ese punto de ebullición, no le puedo decir cuándo, pero lo que sí sé es que el agua está hirviendo.
¿Se está colocando Colombia a la cabeza del su vecindario latinoamericano como atractivo para inversión?
Yo no quiero hacer malas comparaciones con los vecinos, pero lo cierto es que los dos más cercanos, que son Venezuela y Panamá (incluso siendo Panamá un país tremendamente interesante), Colombia ahora mismo aglutina o lidera este foco de inversión, las condiciones son tremendamente favorables.
¿Cómo sigue la salud de su padre, el ex presidente del Gobierno Adolfo Suárez?
Me gustaría mucho decir que está muy bien, pero, como todo el mundo sabe, él tiene una enfermedad degenerativa mental que lo mantiene en un mundo, digámoslo así, alejado del nuestro. No hay comunicación intelectual posible con él, pero sí hay una relación afectiva muy viva, muy amable: es tremendamente sensible al cariño, con la mirada se expresa muchísimo, sigue manteniendo una mirada viva, picarona incluso, agradable. Yo le sigo hablando todos los días que estoy a su lado, que son los días cuando estoy en España, y (actúa) como si me estuviera entendiendo plenamente. Y diciendo que me encantaría tenerlo de otra forma, sigo dándole gracias a Dios por tenerlo cerca y de una manera tan amable y tan cariñosa.
EDULFO PEÑA
EDITOR POLÍTICO