No es sólo la putridez económica y empresarial. Es cuestión de estética.El futbolista hoy debe ser un tipo malencarado, grosero, con aspecto de mamarracho, más preocupado por hacer ostentación de su tren de vida que por encarnar valores deportivos. Los grandes jugadores de décadas pasadas no serían admitidos en las platillas de los clubes punteros de hoy simplemente por no ser masas de músculos con un brócoli sobre la cabeza y tatuajes hasta en las ingles. No serían buena imagen de marca. Durante bastantes veranos coincidí con Eusebio Sacristán, uno de los mejores centrocampistas españoles de los 90. Un jugadorazo, que lo mismo hacía de medio centro, que de interior, que incluso de central o lateral. Era el tipo más sencillo y humilde que he conocido en mi vida. Almorzábamos en el bar, sus hijos jugaban con los míos, iba a hacer la compra con la misma ropa que yo podría llevar. Estamos hablando de un tipo que levantó trofeos nacionales y europeos con Stoichkov, Guardiola, Koeman, Romario o Laudrup. Hoy Eusebio seguramente no jugaría en ningún equipo top simplemente por cánones estéticos y actitud vital. Dirían que no tiene la imagen necesaria.pacopin escribió: 08 May 2024, 02:00 Cada día estoy mas harto del futbol. Hubo un día en que disfrutaba de esas tardes de futbol en la radio mientras jugábamos al tute o al mus, las mujeres hablaban de sus cosas por ahí y los niños correteaban por allí y por allá.
Que lejos queda. Hoy el futbol es puro teatro y está podrido hasta las trancas.
Antes los jugadores sabían, aunque no fuese su obligación, que en cierto modo eran ejemplos. Incluso los más pendencieros, como el propio Stoichkov, o Cantona, o Arteche, o Goyo Benito, tenían un fondo de nobleza brava del que carecen los macarras que ven los niños de hoy. Por suerte cada vez menos, porque el fútbol está de capa caida. España tiene ya la crecida la primera generación de niños que se han criado sin ver fútbol en la tele, sin Carrusel Deportivo, sin las tardes de domingo con la radio, sin Estudio Estadio ni El día después. En unas décadas puede que el fútbol acabe como los toros.









