GUÁSIMAS, 23 de junio de 1897Las fuerzas norteamericanas habían desembarcado el día anterior en Siboney. Allí una compañía del Regimiento Puerto Rico defendió la playa durante 2 horas
(1), mientras otras dos compañías protegían su despliegue. Tan solo tras un fuerte bombardeo naval, y cuando las fuerzas mambises amenazaron con copar sus posiciones, el general Rubí se convenció de la necesidad de salir de la zona. Tras ellos quedaban los cadáveres de numerosos animales de tiro norteamericanos que, habían sido arrojados al agua para que llegasen a la orilla por sus propios medios. Además, la defensa española había impedido a las fuerzas norteamericanas llegar a tierra a la vez que sus animales, lo que permitió la captura de muchos de ellos por las fuerzas españolas.
En las Guásimas, el general Wheeler había hecho caso omiso de las órdenes recibidas y estaba avanzando sobre las Guásimas en busca de los españoles con el 1º y el 10º de caballería reforzados por 4 piezas de artillería del 81 y 2 ametralladoras. Además contaría con la ayuda del 1º de caballería de voluntarios, un total de 1.500 hombres para aplastar las escasas compañías desplegadas por los españoles.
La infantería norteamericana es detenida por las cerradas descargas españolas.Frente a él los españoles habían desplegado 4 compañías de infantería del Regimiento Puerto Rico, tras la cual se estableció una segunda línea compuesta por 3 compañías del San Fernando, 1 guerrilla, 2 secciones de ingenieros y 2 viejos cañones de 80mm Plasencia. Una tercera línea con 2 compañías del Talavera cubría la retaguardia.
Era el momento de atacar, desplegando a sus tres regimientos frente a dichas fuerzas. A la derecha el 1º de caballería atacaría el flanco izquierdo español acompañado por el 10º de caballería por el centro. A las 08:30 las fuerzas norteamericanas fueron rechazadas por dos compañías del Puerto Rico. A continuación llego su turno a los Rough Riders, que atacaron por el centro siendo asimismo rechazados.
Por primera vez los españoles parecían decididos a defenderse, impacientándose por ello, los corresponsales de guerra que acompañaban a las tropas norteamericanas. Esa misma tarde Wheeler ordeno reanudar los ataques, siendo rechazado una vez más por las fuerzas españolas que, habían sido debidamente reforzadas por otra compañía y las dos piezas de artillería.
Cuando reanudo los ataques el día 24, los norteamericanos se encontraron las posiciones españolas vacías. Al tratar de avanzar en su persecución, los arboles derribados sobre el camino ralentizaron la marcha de los cañones y las ametralladoras que, faltos de caballos o mulos para el transporte
(2), fueron quedando rezagados a pesar de la escasa distancia a recorrer. Al cabo de poco, las fuerzas de Wheeler llegaron a Sevilla, donde fueron recibidas por el fuego graneado de las compañías del San Fernando que, ahora ocupaban la posición de vanguardia. El asalto se detuvo en seco cuando los dos cañones españoles empezaron a regar las posiciones norteamericanas con granadas de metralla, obligándolas a retirarse a la espera de su artillería. Mientras tanto los artilleros habían sufrido numerosas penalidades al arrastrar los cañones a las nuevas posiciones, viéndose obligados a retirar árboles y rocas o cubrir zanjas en el largo camino.
Para cuando estuvieron en disposición de atacar con el apoyo de la artillería, los españoles se habían retirado nuevamente dejando tras de si un rastro de destrucción que, incluía la pequeña villa, arrasada hasta sus cimientos. La marcha hacia Santiago prometía ser larga y muy exigente para los artilleros que, requisaron algunos de los animales de la caballería para completar su tren de artillería.
- Las bajas españolas serían 5 muertos y 14 heridos, mientras los norteamericanos sufrirían 6 muertos, 2 de ellos ahogados, y 8 heridos.
- Agravada por los animales perdidos el día anterior.
A todo hombre tarde o temprano le llega la muerte ¿Y cómo puede morir mejor un hombre que afrontando temibles opciones, defendiendo las cenizas de sus padres y los templos de sus dioses?" T. M.