Conquista del Condado de Niza
El general
Anselme, al frente de su división de 8.000 hombres, había recibido la orden de conquistar el condado de Niza mientras su jefe,
Montesquiou, operaba en Saboya. La conquista, en principio, podía parecer temeraria. El
rey de Cerdeña había enviado allí una división de 8.000 soldados del ejército regular y cuatro regimientos suizos de dos batallones cada uno, para apoyar a los 12.000 hombres de las milicias del país; todo el conjunto bajo las órdenes del
general Saint-André. Un total de 214 piezas de artillería guarnecían a Niza, Montalban, la costa y la orilla derecha del Var. Los piamonteses estaban bien aprovisionados con pertrechos de boca y guerra
Frente a este dispositivo, Anselme disponía de sus 8.000 soldados, en su mayoría voluntarios y guardias nacionales, con pocas provisiones, y de un refuerzo de 6.000 milicianos marselleses. Su estado mayor no estaba completo, pues sólo constaba de un comisario de guerra y de los generales
Barral y Brunet. La caballería se limitaba a dos escuadrones de dragones, por lo que hizo venir apresuradamente todo el material de guerra que necesitaba desde Tolón.
Anselme ejecutó una aproximación indirecta a la línea del Var, a través de marchas y contramarchas, haciendo correr el bulo de que disponía de 40.000 hombres, y maniobrando hábilmente para que los piamonteses creyeran que disponía de más hombres de los que realmente tenía. Al mismo tiempo, el
almirante Truguet partió de Tolón con una escuadra de nueve navíos de línea, navegando paralelo a la costa, hasta que el 28 de septiembre, se situó frente a Niza. Truguet destacó del navío “
le Tounnat”, una chalupa con un parlamentario para reclamar la entrega del cónsul de Francia, que había cesado en sus funciones después del comienzo de las hostilidades con Cerdeña y se hallaba detenido.
El general Saint-André, engañado por las maniobras de Anselme, y por el peligro de la flota de Truguet, que amenazaba con bombardear Niza, y creyendo que las fuerzas francesas se dirigían a Niza para cercarla por tierra, cedió a la primera amenaza y entregó al cónsul de Francia, que se embarcó en la flota; hecho esto, tras la señal de alarma, disparada por el cañón de Sainte-Hélène, licenció a las milicias del país y se apresuró a evacuar Niza para replegarse apresuradamente hacia Saorgio y Sospello, en la dirección de Coni.

Con esta imprudente evacuación, Niza quedaba sin defensa; el terror se apoderó de muchos habitantes, que comenzaron a salir de la ciudad con sus objetos preciosos, convirtiéndose en refugiados.
Niza contaba en 1792 con 50.000 habitantes, más otros 5.000 emigrados franceses. Estos últimos, indignados por lo que consideraban la cobardía del general Saint-André, quisieron oponerse a la entrada de los revolucionarios y exhortaron a los habitantes a defenderse, pero éstos, temerosos de que los horrores de la guerra destruyeran su ciudad, prefirieron permanecer en calma y sin peligro la llegada de las tropas de la Convención. Reducidos a sus propias fuerzas,
los emigrados concibieron la esperanza de resistir con sus propias fuerzas; se apoderaron, en consecuencia, de las baterías que defendían el paso del Var. Se concentraron en la plaza de las Victorias, de Niza, pero de los 5.000 hombres de que disponían, 800 habían preferido marcharse con el ejército piamontés, por lo que considerándose el resto demasiado débil para resistir, decidieron finalmente replegarse con las tropas sardas.
Apenas salieron los últimos emigrados, los habitantes enviaron una delegación al general Anselme para invitarle a entrar en Niza.
Entró a las cinco de la tarde del 29 de septiembre, siendo recibido en las puertas por el barón Jacobi, el secretario municipal Ferandi y el resto de los magistrados. Siguiendo el proceso ordinario, Anselme declaró a la población que traía la libertad, igualdad y legalidad, que haría respetar los derechos del hombre y protegería las propiedades de sus habitantes. Mientras Anselme pasaba revista a sus tropas en la plaza de las Victorias, el general Brunet rodeó las murallas de la ciudad para ir a ocupar el fuerte de Montalban (Semboula).
Girard, empleado en el convoy de suministros del ejército, y
Desbordes, lyonés, establecido en Niza, capitularon, junto a
Gachard, gobernador del fuerte. Éste había sido convencido por aquéllos de la inutilidad de oponerse a las tropas francesas, que amenazaban con tomar el fuerte mediante escalada. Gachard salió con los 800 hombres de su guarnición y se retiró tras el ejército piamontés. Los granaderos franceses ocuparon el fuerte y plantaron la bandera tricolor, el mismo 29, en el reducto que tanta sangre había costado en 1744.
Para que las fuerzas francesas fueran dueñas absolutas del condado de Niza, necesitaban apoderarse de la fortaleza de
Villefranche. El 29 de septiembre, por la mañana, el general Anselme se dirigió allí con un destacamento de infantería y dragones. Informado durante el camino por sus espías de que el enemigo se preparaba para evacuar la posición, se adelantó a sus fuerzas, a galope, con una escolta de catorce dragones, llegando en el momento en que la guarnición iba a salir, amenazó con tomar la fortaleza por un asalto con escala, e intimó a su comandante, que se rindió sin resistencia y a discreción, con 19 oficiales y 300 soldados. Contaba la defensa con 100 cañones, morteros y obuses, un millón de balas de fusil y muchos pertrechos de boca y guerra. En el puerto se apoderó de una fragata y una corbeta y del arsenal de la marina, que estaba bien surtida.
De este modo, mientras Montesquiou se apoderaba de Saboya, Anselme, con la misma rapidez, se adueñaba del condado de Niza, sin disparar un tiro de fusil. La Convención Nacional se anexionaría ambos territorios que compondrían el departamento de Alpes Marítimos, que fue aumentado con la mayoría de los territorios del Principado de Mónaco.
Vamos, que casi sin disparar un tiro, Niza y Saboya se perdieron para el Piamonte..
Saludos