En Túnez los aliados habían tenido un pequeño vislumbre de los que iban a encontrarse cuando desembarcaran en el continente. Los alemanes habían perfeccionado mucho sus métodos de lucha contracarro, y los diminutos pak de 37 mm habían dejado paso a una nueva generación de armas mucho más eficaces, cañones autopropulsados, carros cazacarros, nuevas minas…por supuesto el viejo conocido del 8º Ejército, el mítico 88 mm seguía siendo el arma más temible, y ahora los alemanes lo habían adaptado para su uso en carros de combate: el Pz VI Tigre acababa de iniciar su legendaria carrera. Sin embargo los aliados no parecieron muy impresionados. En principio las cosas parecían funcionar bien, quizás porque la cabeza de puente alemana en Túnez era indefendible y las fuerzas enviadas a toda prisa por Hitler a reforzar África eran un batiburrillo de unidades de muy diferente cuño, o porque las nuevas armas apenas tuvieron una presencia testimonial, y salvo por la sangrienta lección recibida por las tropas americanas en el Paso de Kasserine el desenlace siempre estuvo claro.
Sin embargo cuando los angloamericanos desembarcaron primero en Sicilia y finalmente en la Italia continental, la cosa se complicó. La fácil campaña predicha por Churchill para la "soleada" Italia se convirtió en un agotador arrastre hacia el norte, donde cada roca podia esconder un enemigo y cada recodo una emboscada. El Heer dio lo mejor de sí mismo durante los dos largos años que duró la guerra en Italia, poniendo en práctica toda la habilidad táctica desarrollada en los años de entreguerras y duramente contrastada en el feroz teatro oriental; los aliados pudieron por fin hacerse una idea del tipo de combates que iban a librar cuando finalmente atravesaran el Canal.
Como ya mencioné al principio, la campaña de Italia apenas vio carros ingleses aparte de los Churchill Mark III y IV. Casi todas las unidades inglesas estaban equipadas con shermans y fue este carro el que hubo de llevar el peso de los combates. Y fueron mucho más duros de lo esperado. La orografía de Italia, con las estrechas llanuras costeras cortadas en perpendicular por centenares de abruptos valles hacían muy difícil la vida de los carristas. Ahora los Tigres no eran un escaso puñado, y su increíble blindaje frontal unido al tremendo alcance destructivo del 88 mm les convertían en un arma perfecta para emboscadas, al igual que a los enormes Tiger-Ferdinand, enviados a toda prisa desde el frente Oriental. Los panteras, también casi invulnerables y armados con un 75 mm largo tan eficaz como el 88 del Tigre, hicieron su aparición a finales del 43, y al contrario que los tigres eran realmente ubicuos, aunque no tanto como los Pz IV con cañón largo y blindajes adicionales, que habían llevado hasta el límite las posibilidades de combate de los viejos carros pz IV; los nuevos cazacarros alemanes y los stug IV se pegaban al terreno hasta hacerse casi invisibles, y ahora la infantería usaba un arma nueva a la que los carristas alemanes aprendieron a temer más que a nada, los lanzacohetes desechables Panzerfaust, letales para cualquier carro que se cruzara en su camino, y tan pequeños y manejables que al final de la guerra incluso los niños de 12 años de las HitlerJugend eran capaces de causar estragos con ellos. Además estas armas de oportunidad se usaban en emboscada, contra los laterales de los carros, y tratar de incrementar el blindaje en esa zona requería un peso adicional inaceptable para la suspensión.
Contra los nuevos vehículos alemanes los cañones de 75 mm del sherman o el seis libras del Churchill eran casi inútiles, salvo a muy cortas distancias, mientras ambos carros eran perforados sin problemas por los nuevos cañones alemanes a distancias aterradoramente grandes. La única solución era la movilidad, ya que tanto los tigres como los panteras eran vehículos mecánicamente muy problemáticos y flanquearles para obligarles a moverse era la mejor baza para dejarles fuera de combate. Ambos carros aliados eran realmente aptos para eso. Los shermans eran ligeros y veloces, y su fiabilidad mecánica les permitía meterse por recovecos estrechos y retorcidos sin temor a una avería que les dejara bloqueados. Pero la gran estrella de la lucha en la escabrosa Italia fue, sorprendentemente, el Churchill. Su caja de cambios le permitía literalmente girar sobre sí mismo sin desplazarse y su desproporcionada longitud y bajísima torre (si uno ve un Churchill no se puede evitar la impresión de que alguien le ha hundido la torre en el casco de un tremendo martillazo) le proporcionaban un centro de gravedad notablemente bajo, lo que se traducía en que los enormes Churchills podían subir por pendientes que parecían imposibles y surgir por donde menos se lo esperaban los defensores alemanes. Persistía el problema del armamento, pero eso fue en parte solucionado por una genial improvisación, obra del capitán Percy Morrel, que adaptó el frontal de la torre del churchill para implantarle a las bravas la estructura íntegra del cañón de 75 del sherman, mantelete incluído. Seguía siendo poca cosa para enfrentarse a los nuevos carros alemanes, pero al menos podía dar cuenta de los pzIV y stugs. Además esa solución trajo un beneficio adicional e inesperado.
Recordaréis que el mantelete del Churchill iba hacia adentro de la torre, formando una especie de ventana en el frontal de la misma. Pues bien, tras su experiencia en Túnez los carristas ingleses llegaron a la conclusión de que la sombra producida por esa "ventana" facilitaba mucho la tarea de los artilleros alemanes a la hora de disparar, como una diana clarísima a la luz del sol. En Inglaterra los miembros del gabinete de desarrollo de tanques se rieron de esa posibilidad, considerando que no era más que una especie de superstición, pero la realidad es que muchas imágenes de Churchills destruidos o dañados muestran impactos justo en ese área, antes que en otras. Fuera cierto o no que los alemanes apuntaban ahí, el mantelete invertido además producía un área de rebote balístico hacia el cañón y ambos factores daban muy mala impresión a los usuarios del Churchill. Pues bién, al adaptar el cañón del sherman, Morrel pegó además el mantelete cilíndrico del mismo, así que de un plumazo borró la ventanita que tantos disgustos daba a las tripulaciones. Como último efecto, al usar ambos carros el mismo cañón las cuestiones de logística se simplificaron mucho, así que cerca de medio millar de churchills se reconvirtieron al modelo mixto, conocido como Mark IV NA 75.
Aparte del problema planteado por las nuevas armas y la habilidad de los combatientes alemanes en la emboscada y la lucha a corta distancia, los carros aliados se encontraron con un nuevo adversario: el terreno. Las vegas y campiñas italianas estaban muy alejadas de las planicies polvorientas en las que el 8º ejército y el AK se habían batido durante dos años. Esto era terreno agrícola, y traía consigo obstáculos que ningún diseñador de carros había tenido en cuenta. Los viñedos, por ejemplo, solían estar repletos de lindes de alambre, y cualquier carro que avanzara por ellos podía encontrarse con la desagradable sorpresa de verse con el giro de la torre bloqueado por una maraña de alambres hasta el punto de que incluso podía salirse del anillo del casco. Además los bosquecillos dificultaban mucho la movilidad, pese a que en eso los sherman, siendo carros bastante cortitos, lo tenían mejor que los carros alemanes con sus larguísimos cañones. Además los setos y los cultivos eran lugares idóneos para que los enemigos se ocultaran con sus letales panzerfaust. Además la "soleada" Italia resultó ser un cenagal impracticable en cuanto llegaron las lluvias otoñales, y las vaguadas podían convertirse en trampas muy eficaces para los blindados. Ese tipo de problemas fueron considerados irrelevantes por los mandos en Inglaterra, y los carristas aliados se los encontraron multiplicados por mil cuando desembarcaron en Normandía y se adentraron en el infierno del "Bocagge" francés. Una vez más los burócratas de uniforme ignoraron olímpicamente la información que recibían del frente de batalla.
Hay que decir que los carristas buscaron medios de todo tipo para remediar la nueva situación. Uno de los más curiosos fue el "Wire" sherman, un sherman al que se protegió por entero con alambradas, para que éstas hicieran detonar los panzerfaust sin tocar la coraza del carro. El efecto visual era como si alguien hubiera construido un gallinero con un carro dentro. Desgraciadamente, si bien el alambre funcionaba, en cuanto el carro estaba en marcha y entraba en terreno difícil el armatoste se desarmaba y el sherman quedaba envuelto en una maraña de alambres por todas partes, así que nunca se puso en uso real. Otras tripulaciones empezaron a cubrir el frontal de sus shermans con los eslabones de recambio de las cadenas, cables de arrastre, herramientas, a modo de refuerzo extra. Los capitostes en Londres consideraban que la medida era del todo ineficaz, pero los mandos en el terreno consideraban que. eficaz o no, a los soldados les daba algo de seguridad psicológica, así que autorizaron la práctica.
Para finalizar, sólo quiero añadir que dado que la campaña italiana se convirtió rápidamente en un frente de importancia secundaria ante la acumulación de medios y tropas de cara a Overlord, el desarrollo de vehículos especiales corrió a cargo de las unidades de forma local, sin demasiadas directrices. Hubo interesantes diseños para aprovechar carros ya inútiles para el combate (como los Grant) como vehículos barreminas y de ingenieros, y se adaptaron shermans y churchills como bulldozers, lanzapuentes, Arks (un curioso diseño en el que el carro Ark no lanza un puente, sino que actúa como puente sobre el que pasan sus compañeros)… pero en general la experiencia ganada en ese frente fue ignorada por los ingenieros en las Islas que continuaron desarrollando sus propios diseños por su cuenta.
El churchill con el mantelete del sherman
