Es lógico que Gran Bretaña no quisiera arriesgar el único ejército operativo con el que contaba, lo que ya no es tan justificable es que eso no se le explicara a Cuesta, y en su lugar, no se hacen mas que poner pegas, sobre la falta de suministros,la falta de colaboración de los españoles, llegan incluso a decir que los españoles esconden alimentos para no dárselos a los ingleses
Mirando por encima la obra del conde de Toreno, copio cual bellaco:
"Acordes Cuesta y Wellesley, volvió el último a Plasencia, e impensadamente escribió el al ayudante general don Tomás Odonojú, diciéndole que, si bien estaba pronto a ejecutar el plan convenido, desprovisto su ejército de muchos artículos, y sobre todo de transportes, podrían quizá presentarse dificultades inesperadas; y después añadía con tono más acerbo que en todo país en que se abre una campaña, debiendo los naturales proveer de medios de subsistencia, si en este caso no se proporcionaban, tendría España que pasarse sin la ayuda de los aliados. Tal fue la primera queja que de este género se suscitó"La verdad, es que lo que viene después no deja muy bien a Cuesta:
Falló así destruir al mariscal Víctor a la sazón que sus fuerzas eran inferiores a las aliadas, y falló por la inoportuna prudencia de Cuesta
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Cuesta, que el 23 se remoloneaba para atacar, impelido ahora por aviesa mano, o renaciendo en su ambicioso ánimo el deseo de entrar antes que ninguno en Madrid, marchó solo y sin los ingleses ...Por no hablar de la falsa leyenda sobre la zanja del 23º de dragones ligeros etc...
En la descripción de la batalla, esos dragones son pérfidos:
Colocada la caballería inglesa en dicha cañada, aunque padeció mucho, en especial un regimiento de dragones ...Tampoco voy a copiar la batalla entera pero, según está descrita, no es para que los pérfidos se pongan a tirar cohetes (Wellesley pidiéndole cañones a Cuesta, la batería que mandaba don Santiago Piñeiro, la carga del regimiento de caballería del Rey, encabezada por el coronel don José María de Lastres, etc, etc).
Pero eso de dejar en los primeros momentos que los 25.000 franceses doblen su número, tanto Cuesta, con su ¿indecisión? (o
impelido ahora por aviesa mano), y el otro, plantándose en el Alberche, tal para cual.
Ahí faltó un Lasalle, que creo que Cuesta ya conocía desde Medina de Rioseco.
