5 de marzo. En las afueras de Uribia. Colombia.-Mi Teniente Coronel, tenemos Uribia a la vista – le comunicó desde su puesto en la parte delantera del vehículo el Teniente, jefe del M-557 de mando, donde viajaba el comandante del 5º Batallón de Infantería Mecanizada “José María Cordova”, Juan Carlos Torres.
-De acuerdo – respondió. Torres se giró hacia su operador de radio, el cabo segundo Pascual, que estaba sentado con él en la parte trasera del blindado. - Comunique a la 1º y 2º Compañías que se desplieguen al sur de la ciudad y establezcan contacto con los defensores. La 3ª y sus apoyos, que avancen al punto de inicio y esperen mis ordenes.
-A la orden.
-Teniente – dijo llamando al jefe del vehículo – busque una buena posición para la compañía de mando, cerca de nuestras tropas al sur de la ciudad ¿entendido?
-Entendido.
Columna de TMP-113 del 5º Batallón llegando a Uribia“Por fin estamos llegando” se dijo a si mismo Torres, “ya era hora...malditos retrasos”. Eran las tres de la tarde pasadas, y un viaje de poco menos de 100 kilómetros que en condiciones normales le llevaría unas dos horas, en aquellas circunstancias habían tardado más del doble. Primero habían tenido que esperar que el Batallón de Fusileros de Infantería de Marina nº 2 se desplegase en Riohacha durante la madrugada y primeras horas de la mañana. Entonces, Torres pensó que le darían autorización para unirse a los combates con las unidades desplegadas en vanguardia, pero de repente comenzaron a llegar lo que en un primer momento fueron rumores, y luego noticias confirmadas de un asalto paracaidista enemigo sobre la ciudad de Uribia, y alguno de sus superiores debió pensar que aquello podía repetirse en Riohacha, por lo que Torres, pese a sus reiteradas peticiones no recibió la orden de avanzar del General Suárez hasta que la Infantería de Marina se hizo cargo de las posiciones de defensa avanzada que ocupaba su batallón y las primeras unidades del 33º Batallón de infantería “Junin” comenzaron a llegar a la ciudad. Solo entonces, el mando de la 1º División de Infantería, del que habían pasado a depender como reserva mecanizada, ordenó su avance hacia Uribia con la orden de expulsar a los paracaidistas enemigos y retener el control de la ciudad, a la vez que apoyaba al Grupo de Caballería “Gustavo Matamoros” en su lucha contra la Infantería de Marina venezolana que avanzaba a través de la península de la Guajira en dirección a Uribia.
Así pues, hacia las 11 de la mañana, por fin pudo el 5º BICOR comenzar su avance sobre Uribia, a través de la carretera Transversal 90 en dirección a 4 Vías, el cruce de dicha carretera con la Transversal 88, y allí dirigirse hacia el norte, hasta Uribia.
Torres podía haber escogido el trayecto Riohacha-Manaure-Uribia, que si bien era algo más corto (no mucho), la red viaria era mucho peor y la velocidad de avance hubiese sido muy inferior, aunque el problema de los refugiados también habría sido menor con casi toda seguridad. Y es que en teoría las carreteras deberían estar libres para el tráfico militar, pero en realidad los civiles que huían de los combates en Maicao y Uribia, ocupaban parte de la calzada, ya fuera en toda suerte de vehículos a motor, tirados por animales o a pie. No es que fuera una marea que impidiese avanzar, pero si eran lo suficientemente numerosos como para que los policías militares tuvieran problemas para que el trafico de las fuerzas militares fuese todo lo fluido que debiera. Además, los PM estaban nerviosos y varios estaban ocupados en defenderse de las emboscadas y ataques que habían sufrido algunos de ellos por parte de pequeñas partidas de las FARC que habían hecho acto de presencia en la zona. Por si fuera poco, el enemigo se había empeñado en no colaborar y algunos aviones enemigos, en concreto dos Broncos, habían atacado el convoy del batallón, sin causar perdidas importantes, pero obligando a desplegarse a los vehículos y retrasando todavía más el avance. Al llegar a las cercanías de 4 Vías, se encontraron con que el 4º Batallón Mecanizado “Antonio Nariño” se había atrincherado en un perímetro defensivo de 360 grados alrededor del vital cruce, con especial atención al este y al noreste, y esperaba el desenlace de los combates entre las fuerzas colombianas y venezolanas. Allí la seguridad era mejor y el tráfico más fluido.
Al enfilar hacia el norte, muchos civiles de la etnia wayúu, principales habitantes del municipio de Uribia, volvían a transitar la carretera hacia el sur, mientras que el ruido de las explosiones y las columnas de humo y polvo se divisaban claramente hacia el este y noreste. Vió un par de helicópteros, presumiblemente colombianos por el rumbo que llevaban, volando hacía la zona, seguramente para apoyar con sus armas la defensa o evacuar algún herido. Por su parte, unos kilómetros más adelante, Torres cumplió la parte de las ordenes que le indicaban que debía apoyar a la caballería contra el avance enemigo, y ordenó el desvió de las fuerzas antitanque de la sección anticarro, cuatro Hummers con misiles ATGM TOW y dos Abir con CSR, además de cuatro blindados M-125 de la sección de morteros, la versión del M-113 armados con otros tantos morteros de 81 mm. Al Teniente Coronel le costó desprenderse de aquella cantidad de poder de fuego, pero eran las ordenes, y además, los TOW serían mejor empleados contra los blindados de la Infantería de Marina y los Dragoon 300 enemigos que contra los paracaidistas. Aún así retuvo dos Abir con los cañones sin retroceso de 106 mm.
Cuando le avisaron de que tenían Uribia a la vista, ordenó ejecutar el plan que había esbozado antes de salir con sus oficiales, y que estaba perfilando sobre la marcha en base a las escasas informaciones que iba recibiendo durante el viaje. Por lo que se sabía, con el inicio de las operaciones militares hostiles aquella mañana, los venezolanos habían lanzado un número indeterminado de paracaidistas a las afueras de Uribia, posiblemente una compañía, que había sido rápidamente reforzada por tropas llegadas en helicópteros y algo más tarde por al menos otro lanzamiento de paracaidistas. Todo parecía indicar que un batallón enemigo estaba intentando tomar la ciudad, y que tras un lento inicio de sus operaciones, debido sin duda al afianzamiento de su zona de salto, las patrullas de reconocimiento enemigas habían avanzado en diversas direcciones, pero el grueso de sus fuerzas lo hicieron sobre la ciudad de Uribia, donde tan solo algunas tropas de retaguardia del Grupo de Caballería “Gustavo Matamoros” en unión con efectivos de la PONAL, hicieron frente a los atacantes, aunque con escasas posibilidades de detenerlos, por lo que se concentraron en pequeñas emboscadas y puntos de bloqueo en algunas calles que retrasaban el avance venezolano y causaban algunas bajas. Y aunque era la única estrategia posible, si no recibían refuerzos, la ciudad estaría perdida, y era ahí donde entraba en escena el 5º BICOR de Torres. Según le habían comunicado por radio los defensores de la ciudad todavía retenían en su poder una zona al sur de la plaza central de Uribia, pero el enemigo se había reagrupado tras tomar la mayor parte de la ciudad, y se preparaba para avanzar contra ellos. Era por lo tanto imperativo afianzar aquella posición para no ser expulsados totalmente de Uribia, retener a un importante número de tropas enemigas allí y causarles el mayor número de bajas posibles.
Pero solo con ello no retomaría la ciudad, por lo que había previsto que la compañía que viajaba en los 12 TPM-113 que tenía el batallón, reforzada con varios Hummers con ametralladoras pesadas de la Sección de Reconocimiento, siguieran avanzando por la carretera un kilómetro más hacia el norte, y allí girasen 90 grados hacia el este, por la calle Diagonal 5, hacia el flanco derecho enemigo y la Plaza Central de Uribia, de donde partían las ocho principales calles de la ciudad en forma de octógono, y sin cuyo dominio, la posesión de la ciudad se tornaría un asunto casi imposible para los paracaidistas enemigos, que según esperaba Torres, se encontrarían estancados en su avance por el sur, y con fuerzas blindadas colombianas a su espalda, en su linea de suministros desde la zona de salto y en el centro de la ciudad.
Era un plan arriesgado sin duda, con que tan solo la información recibida no fuera correcta, y las tropas enemigas en la ciudad fueran mayores, o montasen alguna emboscada importante a las tropas que avanzarían por la carretera, todo el plan se podría ir al carajo, pero el tiempo apremiaba, y con pocas horas de luz solar, Torres debía arriesgarse para que cuando llegara la oscuridad, sus fuerzas tuvieran una posición de ventaja y no arriesgarse a un volatil combate urbano nocturno para desalojar al enemigo. Una vez retomada la totalidad de la ciudad y desalojado el enemigo, debía atrincherarse en ella y esperar a los restos de las tropas de la caballería que luchaban en el este, para defender la ciudad de la Brigada de Infantería de Marina venezolana que avanzaba en dirección a Uribia.
-Mi Teniente Coronel, este parece un buen sitio para la Compañía de Mando – avisó a su superior a la vez que detenía el vehículo.
Torres abrió la rampa trasera y salio del mismo. Se encontraba en un pequeño descampado con casas bajas dispersas a su alrededor, justo en el límite de la zona más urbanizada del sur de Uribia. Allí se podían desplegar vehículos, había viviendas donde refugiarse en caso de necesidad y varias caminos por donde moverse hacia una u otra dirección. El Teniente Coronel se asomó al interior del M-557.
-De acuerdo, nos quedamos aquí. Avise al resto.
-Recibido.
-Pascual – dijo dirigiéndose a su operador de radio - ¿hay novedades?
-La 2ª Compañía ha establecido contacto con los defensores.
-Pídales su posición, voy para allí ahora mismo.
-Aguarde mi Teniente Coronel...me comunican que vienen hacia aquí el oficial al mando de la defensa de la ciudad. Llegará en pocos minutos.
-De acuerdo.
Torres se dirigió hacia donde su segundo al mando, el Mayor Roberto Cepeda, estaba organizando el despliegue de la Compañía de Mando, en medio del polvo y el viento que se arremolinaban en torno a los vehículos y los soldados.
-Roberto, ven un momento.
-Voy – respondió el Mayor dejando lo que estaba haciendo.
-Mira, deja eso en manos del Capitán Rosero, quiero que tomes el mando de las 1ª y 2ª Compañías y que organices la defensa al sur de la plaza central ¿de acuerdo?
-Claro Juan Carlos. No te preocupes, no es la primera vez que hacemos esto – dijo refiriéndose a la forma de mandar el batallón de su superior, donde en innumerables ejercicios y maniobras, de forma bastante descentralizada, había dado libertad de movimientos a los mandos de las compañías para que consiguieran el objetivo fijado, coordinados por el Mayor Cepeda, mientras que Torres lo dirigía todo desde la retaguardia y cuando era necesario se dirigía a comandar desde posiciones de vanguardia la ofensiva del batallón.
-Hoy va en serio, aunque se que te las arreglaras. Estamos en contacto, y si no podemos comunicar, ya sabes que tu tienes el mando en la zona. La misión y la seguridad de los hombres es lo primero.
-Por supuesto. Y si tu te vas a primera linea, trata de volver de una pieza, todos en el batallón estamos contentos de que hayas vuelto. No quiero imaginarme como sería esto con Villalobos al mando.
-Todavía estarían en Riohacha bajo cualquier pretexto, o al menos él – ambos sonrieron. - Pero hoy hay demasiado que coordinar, solo iré en cabeza en caso estrictamente necesario. Ahora ven conmigo que tenemos que hablar con alguien.
Cuando Cepeda y Torres vieron al cabo Pascual, estaban con él un sargento de la 2ª Compañía, y junto a ellos, con un traje bastante sucio y polvoriento y con cara de estar exhausto, un Capitán al que no conocían. Este al verle, se adelantó y les saludó.
-Mi Teniente Coronel, se presenta el Capitán Alzate, encargado de la logística del Grupo de Caballería “Gustavo Matamoros”.
-Descanse Capitán, ¿es usted el responsable de la defensa de la ciudad? ¿cual es la situación ahora mismo?
-Así es, mi Teniente Coronel. La situación es mala, no hay otro modo de definirla. Tras tomar el enemigo el norte y el centro de la ciudad, han hecho una pausa para reagruparse, y desde hace unos 10 minutos están volviendo a atacarnos para desalojarnos de nuestras posiciones.
-¿Cual es el estado de sus fuerzas? ¿Bajas? ¿Suministros?
-Tengo menos de 100 efectivos, al menos un tercio son de la PONAL, unos pocos comandos que se nos unieron a media mañana y el resto tropas de retaguardia del Grupo de Caballería. No son suficientes ni de lejos, pero se baten con valentía y les estamos haciendo pagar un precio al enemigo. Pero nuestras bajas también son importantes, y nos vendría bien más enfermeros y medicamentos. Los estamos alojando en aquella casa – dijo señalando una al borde de la zona más urbanizada – la del techo de color gris.
-Roberto, antes de irte, ocupate que sean atendidos y de organizar un traslado a la retaguardia para los más graves. - El Mayor asintió.
-En cuanto a nuestros suministros, ya estamos cortos de munición, principalmente de ametralladoras, aunque tampoco tenemos demasiadas, y las granadas de manos están casi agotadas.
-Está bien, vamos a repartir algo de lo que traemos nosotros entre sus hombres, pero mis soldados tomarán la responsabilidad principal de la defensa. Desde este momento asumo el mando de la defensa de Uribia. Usted y sus hombres han hecho un gran trabajo Capitán. En cuanto mis hombres hayan relevado a los suyos, quiero que organice patrullas en nuestros flancos para evitar cualquier posible infiltración del enemigo ¿de acuerdo?
-Por supuesto mi Teniente Coronel, les apoyaremos en todo lo que podamos.
-De acuerdo, ahora vuelva a su posición, y esté en contacto con el Mayor Cepeda. Vamos a dar la vuelta a esta situación cuanto antes – dijo Torres insuflando animo al agotado Capitán.
Alzate se cuadró y saludo a los oficiales antes de retirarse en compañía del sargento, volviendo por donde habían venido. Torres comprobó que la intensidad del sonido del tiroteo iba en aumento. “Bien, ahora los venezolanos tienen que enfrentarse a fuerzas más numerosas y mejor equipadas que hasta ahora. A ver como se las arreglan”.
El Teniente Coronel se despidió del Mayor Cepeda y con un gesto indicó a su operador de radio que le siguiera. Ambos abordaron un Hummer de la Compañía de Mando y se dirigieron hacia la carretera 90, unos cientos de metros más atrás, donde aguardaba la 3ª Compañía con sus 12 TPM-113 y 4 Hummers más de la unidad de reconocimiento del Batallón. El Capitán de la Compañía no había perdido el tiempo, y esta estaba desplegada en formación para avanzar buscando el contacto con el enemigo. Los vehículos blindados tenían un aspecto diferente al que normalmente ofrecían, y es que con la llegada de nuevo de Torres al mando del Batallón, y en una situación tan tensa con sus vecinos, el Teniente Coronel había ordenado a sus hombres que buscaran donde fuera chapas metálicas para añadirlas al fino blindaje de aluminio de los TPM-113 y así mejorar sus posibilidades de supervivencia en combate. Como consecuencia de ello, las chapisterías, las chatarrerías y los desguaces de Riohacha, se habían visto “asaltados” por los hombres del BICOR 5, que se hicieron con una variopinta cantidad de “blindajes de circunstancias”, que soldaron a sus vehículos, principalmente en las secciones delanteras y laterales de estos. Luego se trató de pintar con los colores de camuflaje que llevaban los blindados, pero la falta de suficiente pintura y la premura por otras actuaciones más urgentes, hizo que el aspecto exterior de la 3ª Compañía fuera bastante “pintoresco”. Pero aquello era algo que importaba más bien poco, por no decir nada, al Teniente Coronel que primaba la eficacia en las operaciones muy por encima del aspecto de los vehículos y la tropa, y tenía gran confianza en los hombres de la 3ª Compañía.
Apoyando a los blindados, tres M-1025 Hummers, blindados y armados con una HMG de 12,7, se desplegaban en vanguardia para reconocer en terreno, mientras que un cuarto Hummer cerraría la formación.
-¿Donde está el Capitán Muñoz? - vociferó Torres al desembarcar de su carro.
-A sus ordenes – oyó decir detrás de él.
-Capitán ¿están preparados?
-Si mi Teniente Coronel. Podemos marchar en cuanto nos lo ordene.
-Perfecto. Recuerde su objetivo. Ha de llegar a la plaza lo antes posible, así que no pierda tiempo. Si encuentra algún obstáculo o punto fuerte enemigo, rodeelo y siga avanzando, la velocidad en esta misión es imperativa.
-¿Y si no es posible evitarlo?
-Entonces asáltelo con todas sus fuerzas, tómelo cuanto antes y continúe su marcha...y si no fuera posible, destine algunas tropas para que se queden reteniendo al enemigo y busque caminos alternativos, aunque sea más al norte de la ciudad. No me importa como lo haga, pero debe estar en la plaza lo antes posible ¿está claro?
-Cristalino. La Tercera Compañía no le defraudará mi Teniente Coronel.
-Eso espero. Son ustedes buenos soldados, y ha llegado la hora de demostrarlo...en cuanto me monte en mi vehículo, ordene avanzar.
-A la orden.
-Capitán...buena suerte.
Y sin esperar respuesta, Torres se subió de nuevo al Hummer y regresó al puesto de mando, mientras los vehículos blindados de la 3ª Compañía comenzaron a rodar en dirección norte por la carretera 88, en paralelo a los barrios al sur de la ciudad. Rápidamente se abrieron en formación de combate, abarcando ambos lados de la carretera y la vía férrea que conectaba las minas de Cerrajon con Puerto Bolivar.
Mientras, el Teniente Coronel había vuelto a su M-557 y pidió novedades. Le pasaron una nota donde Cepeda le informaba que hacía escasos minutos habían completado el traspaso de la defensa a las dos Compañías del BICOR, y que el combate se estaba endureciendo.
Torres subió al vehículo de mando que se encontraba oculto tras una casa, y se sentó escuchando los informes que radiaba la emisora.
-...Papa 3 defiende la casa noroeste...
-...el enemigo ha lanzado un asalto contra la cantina. Sierra 7, acuda allí y apoye la defensa...
-...¡cuidado, cuidado! ¡Están dentro de la casa!...
-...¡Granad...! ...ffffffffffffff...
-...¡Denle duro con la ametralladora!...mierda, cabrones...
-...segundo pelotón, retrocedan ahora ¡ya!...
-...¡Francotirador!...¿alguien ha visto de donde carajo vino ese tiro?
-...Sierra 2, desplácese a la derecha, tiene enemigos en su flanco...
-...¡Atención Mike-Charlie, necesitamos evacuación de heridos inmediata! Tenemos dos hombres muy mal.
-...fff...envío fff...da...fff...fff
-¡Repita por favor, no se entendió nada!
Mientras la 3ª Compañía tenía sus propios problemas.
-...¡Tango 3, a tu izquierda, un lanzagranadas!...
-...mierda...¡han destruido a Tango 3!...
-...¡los tengo! ¡Dispara, dispara, dispara!...
-...muévanse, vamos sigan avanzando...
-...Romeo 1 girando en el cruce. Todo despejado.
-...Tango 1, entramos en la zona urbana...extremar la vigilancia...
-...pasando el cementerio...
-...¿Que es...¡Emboscada! ¡Emboscada!
-...¡Devuelvan el fuego!...
-...!Asalten esa maldita posición de una puta vez!
-...fuego intenso al sur...
El comandante del Batallón escuchaba atentamente todo aquel tráfico y apretaba los puños y las mandíbulas. Nunca le había gustado el combate urbano, prefería las grandes llanuras donde los blindados pudieran maniobrar, ocultarse, disparar y avanzar. El combate en ciudad era una cosa “sucia”, complicada, difícil y muy peligrosa. Pero por desgracia nadie le había preguntado donde emplear sus fuerzas, así que tenía un objetivo que cumplir y debían hacerlo lo mejor y más rápidamente posible.
Torres salió del vehículo para oír mejor el combate, cuando algo llamó su atención hacia el este. Columnas de humo se elevaban al cielo cada vez más cerca de la ciudad. Aquello no le gustó.
-Pascual, comunicame con el mando del Grupo de la Caballería.
-Atención Golf-Bravo, atención Golf-Bravo, aquí India 5, adelante.
-...fff...fff...recibo...fff...ante...fff – se oyó por la radio en una emisión llena de estática tras unos instantes. Torres cogió el microfono.
-Aquí India 5 solicitando tiempo aproximado de llegada de enemigo al punto Whisky – dijo refiriéndose a Uribia. - ¿Cuanto tiempo nos queda? - al poco se oyó otra voz por la emisora.
-...fff...no más de nueve cero minutos...fff...dido?...fff...
-India 5 entiende nueve cero minutos para llegada del enemigo a punto Whisky.
-...ffff...ativo...fff...afirmativo...fff...
-Recibido. India 5 corto.
“Mierda, solo una hora y media como mucho. Va a ser imposible cumplir el objetivo. Tenemos que darnos mucha más prisa”.
-Quiero hablar con el Mayor Cepeda.
-Atención Mike-Charlie, atención Mike-Charlie, aquí India 5.
Tras unos segundos... -Adelante India 5, le recibo.
-Necesito reporte de situación actual – ordenó el Teniente Coronel.
-...fff...hemos estabilizado la defensa, se han perdido un par de posiciones, pero estamos en condiciones de poder retomarlas en breve. Las patrullas de nuestros flancos están formadas e informan de unidades enemigas de similares características con la que intercambian disparos esporadicamente...fff...también hemos descubierto tropas enemigas retirándose en dirección noroeste. Parece que el enemigo da por concluido su ataque de momento y adoptan posiciones defensivas...fff.
“Están enviando refuerzos a enfrentarse con la 3ª Compañía” pensó Torres.
-Mike-Charlie parece que Tango está haciendo su trabajo. Papa y Sierra tendrán que hacer mucho más que recuperar un par de posiciones. El grueso del enemigo llegará en menos de nueve cero minutos ¿entendido?
-Entendido, nueve cero minutos...es muy poco tiempo. Todavía no estamos listos para un contraataque.
-Tiene 10 minutos para prepararlo, ni uno más.
-Recibido India 5. Vamos a intentarlo.
“Será mucho mejor que lo consigas Roberto, o lo vamos a pasar muy mal dentro de un rato”
-De acuerdo. India 5 corto.
Torres accionó los mandos de la emisora para comunicarse con la 3ª Compañía. Necesitaba saber cual era su estado. Tras unos instantes entablo contacto y solicitó novedades.
-...fff...repita India..fff...
-Necesito urgentemente reporte de situación de Tango, cambio.
-Recibido...estamos bloqueados a unos 150 metros al este del cementerio. Recibimos fuego intenso desde tres lados y tenemos algunas bajas. Hemos perdido tres blindados y un Hummer en total. Estamos tomando algunos puntos fuertes enemigos que nos impiden el avance, pero nos lleva tiempo. - “No tenemos ese tiempo” se dijo Torres – La buena noticia es que un pelotón ha logrado infiltrarse hasta la comisaría de policía en la esquina noroeste de la plaza y se ha atrincherado allí.
-Excelente, pero necesito que se habrá paso con el resto de sus tropas hasta enlazar con ese pelotón. El tiempo se nos acaba muy deprisa.
-India 5, estamos luchando duro, pero el enemigo sabe muy bien lo que hace y no puedo acelerar más sin poner gravemente en riesgo la vida de mis hombres.
“Maldita sea” pensó el Teniente Coronel. Necesitaba tomar la plaza y poner al enemigo en retirada, al menos hacia la mitad norte de la ciudad si esperaba tener alguna posibilidad de defender la ciudad contra fuerzas notablemente superiores, pero el Capitán Muñoz seguramente tenía razón, debía estar dispuesto a sacrificar más hombres para conseguirlo, aunque ni eso aseguraba el éxito de su ataque. Tomó una rápida determinación.
-Tango, le voy a enviar refuerzos, quiero que dentro de 10 minutos comience un decidido asalto para contactar con su pelotón en la plaza ¿entendido?
-Recibido India 5, mientras vamos a buscar algún modo de desatascar esto – respondió el Capitán Muñoz.
Torres salió a la carrera del M-557 y se dirigió hacia donde se encontraban los dos Albir con los CSR que había mantenido con el batallón, y les ordenó que avanzaran por donde lo había hecho la 3ª Compañía. Debían apoyarlos con su poder de fuego. Luego reunió a media docena de policías militares, la mitad de los que se encontraban defendiendo el puesto de mando y los mandó con otro Albir de transporte a reforzar a los hombres de Muñoz. No era mucho, y se había deshecho de sus reserva en caso de que los vehículos blindados enemigos apareciesen, pero no le quedaba otra solución.
Cuando volvía hacia el puesto de mando, vio humos y escuchó explosiones hacia el noreste de la ciudad. ¿Que era aquello? Allí no tenía tropas ¿Quien estaba combatiendo en aquel lugar? Cuando estaba a punto de entrar para solicitar información a Cepeda, vio llegar a un policía militar con un oficial. Torres se acercó a aquellos hombres.
-Mi Teniente Coronel, es el Teniente Ortiz, de los comandos. Lo ha encontrado una patrulla en nuestro flanco derecho, a un kilómetro de aquí.
-¿Teniente?
-A la orden mi Teniente Coronel. Se presenta el Teniente Jairo Ortiz de la Brigada de Comandos.
-Repórtese ¿que hace usted aquí? ¿forma parte de los comandos que se han unido esta mañana a la defensa de la ciudad? ¿donde está su oficial superior?
-No mi Teniente Coronel, hemos estado luchando todo el día contra la columna norte del enemigo que avanza a través de la península, pero hemos recibido ordenes hace una hora de replegarnos hacia Uribia y apoyar la defensa. Tengo unos quince hombres al noreste de la ciudad, en misión de reconocimiento, buscando la retaguardia del enemigo. En cuanto a mi oficial superior, el Capitán Montoya, es uno de los que de los que deberían haber vuelto a Uribia esta mañana para apoyar la defensa. No he vuelto a saber más de él.
-¿Y quien le ha dado la orden de regresar? ¿Y por que ha ordenado un reconocimiento sin esperar ordenes? - dijo Torres, mitad molesto, mitad admirado de la audacia del comando.
-La orden vino del mando del Grupo de Caballería del cual dependemos hasta el momento, y el reconocimiento lo ordene ante la imposibilidad de comunicarnos con nadie. A nuestra radio le ha debido pasar algo y no logramos comunicar, así que decidí saber que pasaba y tras una primera evaluación de la situación al llegar a las cercanía de la ciudad, ordené un reconocimiento en fuerza sobre el noreste de la ciudad...parecía una zona muy tranquila para lo que se oía en el resto, mientras mandaba a alguien a informar de nuestra presencia, pero al final mis hombres me convencieron que un oficial tendría más posibilidades de enterarse mejor de la situación y recibir refuerzos y suministros si es posible...¿es posible?
Torres todavía un poco perplejo, no quiso desperdiciar aquella oportunidad. Si aquellos hombres se habían colado tras la retaguardia enemiga, las posibilidades aumentaban.
-Muy bien Teniente, quizás si tenga algo para usted. ¿Necesita munición?
-Afirmativo.
-Pues es lo que le puedo facilitar. Coja un par de hombres de aprovisionamiento y entre los tres carguen todo lo que puedan. Por ahí debe haber munición, y también morteros tipo comando y granadas de fusil en abundancia. Luego vayan con sus hombres y monten todo el ruido que puedan. Deben atraer a tantos enemigos como les sea posible. En unos minutos vamos a contraatacar desde el sur y el oeste, y necesito que el enemigo se disperse lo más posible para tener alguna posibilidad de éxito...ah, y hágase con una radio que funcione, quiero tener noticias de ustedes.
-Entendido. Me pongo en marcha ahora mismo. - y diciendo esto, el Teniente Ortíz se puso en marcha buscando a quienes se iban a convertir en “voluntarios” para meterse en un avispero.
Torres miró su reloj. El ataque estaba a punto de comenzar. Se dirigió al M-557 y cogió su Galil.
-Pascual comunica nuestro estado e intenciones al mando de la División y al del Grupo de Caballería, luego reúnete conmigo ahí fuera, nos vamos de aquí. Quiero ver el ataque de cerca.
-A la orden.
Tras unos minutos, ambos salieron del puesto de mando y se dirigieron hacia el centro de la ciudad. En su recorrido vieron y oyeron a heridos que estaban siendo tratados en el interior de algunas casas, y el olor a pólvora y el ruido de los disparos se hacían más intensos a cada paso que daban. De pronto el ruido de las armas automáticas comenzó a ganar intensidad y las explosiones se producían unas tras otras. “Ya ha comenzado”.
Buscaron y encontraron el puesto de mando del Mayor Cepeda, el cual no pudo evitar la sorpresa al ver a su superior entrar en la casa donde se encontraba con sus hombres.
-¿Que hace aquí? - preguntó el Mayor.
-Tengo que ver esto de cerca. Es nuestra única posibilidad, sino lo logramos, vamos a pasarlo muy mal...¿que tal va de momento?
-Acabamos de comenzar. Todavía no sabría decirle, pero creo que nuestras fuerzas están muy igualadas.
-A lo mejor todavía tenemos suerte, hay un pelotón de la 3ª Compañía que ya ha llegado a la plaza, y he enviado algunos refuerzos para que apoye el avance del resto de la Compañía que estaba detenida y contacte con ellos. Y a última hora han aparecido un pequeño grupo de comandos que están haciendo de las suyas al noreste de aquí. Entre ambos, espero que puedan atraer a más enemigos y tengamos una cierta superioridad en este sector.
Cepeda lo miró con cierto escepticismo.
-Podría dar resultado mi Teniente Coronel, pero deberíamos tener más tiempo. Si las columnas enemigas llegan según lo que me ha informado, vamos a estar cogidos entre dos fuegos y muy comprometidos.
-Lo se, lo se. Por eso debemos poner toda la carne en el asador y hacer un último esfuerzo. Si la situación no se desbloquea pronto, tendremos que retirarnos y fortificarnos al sur de la ciudad a la espera de refuerzos. Ahora voy a ir a la linea del frente, vuelvo en unos minutos.
Cepeda lo vio salir, sabiendo que era inútil que tratara de decirle lo peligroso que era que el comandante del Batallón se acercara tanto a un tiroteo en una zona urbana. Torres era así.
Cuando este llegó a una posición donde le pareció que dominaba una buena parte de dos calles donde se combatía, se parapetó tras una furgoneta medio calcinada y observó como evolucionaba el ataque. Veía el rastro de algunos proyectiles salir de una ventana o de una esquina, algunos hombres correr de un lado a otro, reptar disparar y volver a salir en una carrera corta, luego una explosión de una granada, después pavorosos gritos de dolor que se superponían al de las armas de fuego. Era difícil decir si sus tropas llevaban la mejor parte, pero se notaba mucha actividad.
Un soldado colombiano lanzó una granada de fusil contra una ventana de la segunda planta de una casa y poco después la explosión y humo blanquecino saliendo de allí. Una ametralladora abrió fuego desde el tejado que tenía justo detrás y varios botes comenzaron a soltar humo en medio de una de las calles. Al poco, varios de sus soldados avanzaron en rápida carrera de una a otra posición, siempre pegados a la pared o protegiéndose con lo que podían. Vio como uno resultó alcanzado en una pierna por un proyectil y como un compañero lo arrastraba tras una valla de un jardín. Estaba inmerso en observa el desarrollo de aquel combate cuando su radioperador le agarró de la manga y llamó su atención.
-¿Que? - dijo molesto.
-Tenemos a Foxtrot Alfa al otro lado – dijo refiriendose al Mando de la Primera División, y extendiendo el auricular.
-Aquí India 5, adelante.
-Aquí Foxtrot Alfa, aquí Foxtrot Alfa. Atención India 5, tenemos nuevas ordenes. ¿Me recibe con claridad? - asombrosamente en aquella situación, así era.
-Afirmativo, adelante Foxtrot Alfa, le recibo 4 sobre 5.
-India 5, debe con carácter inmediato, cesar todo ataque y desengancharse del combate con el enemigo. Reagrupense y envíe una compañía de infantería a Manure, el resto del Batallón, incluidos los blindados, debe dirigirse al sector 3 – dijo refiriéndose al cruce de 4 Vías – donde volverá a ponerse bajo el mando de la 2º Brigada. Acuse recibo de las ordenes.
Torres estaba estupefacto. ¿A que venía ahora aquello? Todavía podía lograr su objetivo de tomar Uribia... “mierda, no debería haber comunicado mis intenciones a la División...en fin, ellos sabrán mejor lo que pasa a nuestro alrededor”, y es que si bien por una parte le fastidiaba bastante no cumplir la misión, por otra, le producía cierto alivio saber que no se iban a quedar rodeados y aislados del resto de la División.
-India 5 ha recibido el mensaje – dijo secamente.
-Bien, informe con regularidad. Foxtrot Alfa fuera.
Torres y Pascual volvieron por donde habían venido y le contaron al Mayor Cepeda las nuevas ordenes. Después, se puso en contacto con los comandos del Teniente Ortíz y con la 3ª Compañía.
-...Tango ¿me reciben?...aquí India 5, adelante.
-...ffff...fff...lante Ind..5...
-Tango, tienen nuevas ordenes. Cancele el ataque, repito, cancele el ataque.
El Capitán Muñoz quedó atónito primero y cabreado después, tras solicitar y recibir confirmación de las ordenes.
-Tango. Deben retirarse hacia el cruce con la carretera con Manaure y mantenerlo hasta que llegue la 1ª Compañía allí. Pero antes debe recuperar al pelotón que esta en la comisaría. Esa tarea tiene prioridad sobre lo demás, ¿entendido? ¿es posible?
-...afirmativo...ya estamos muy cerca de ellos...esos cañones nos han servido de mucha ayuda...les ordenaré unirse a nosotros y nos replegaremos hasta el cruce.
-De acuerdo. Informen cuando hayan cumplido sus tareas asignadas.
-Recibido. Corto.
Torres llegó al puesto de mando y comenzó a prepararlo todo de acuerdo con las ordenes recibidas. Al interrumpir el ataque los soldados colombianos y comenzar a retirarse, los paracaidistas venezolanos trataron de aprovecharse de la situación y presionar a sus enemigos, pero las fuerzas que cubrían la retaguardia, las propias bajas y el agotamiento de sus tropas, hicieron que la persecución que preveía el comandante del Batallón de paracaidistas, quedara en un ligero hostigamiento.
Treinta minutos después, algunos comandos se habían dispersado por los alrededores de la ciudad buscando causar problemas en la retaguardia de las fuerzas venezolanas que se aproximaban, la 1ª Compañía se dirigía hacia Manaure mientras que el resto del 5º BICOR y las fuerzas agregadas que habían combatido en Uribia se encontraba camino a 4 Vías, y protegiendo su retaguardia los elementos del Grupo de Caballería, los últimos en abandonar la zona, ya que las dos columnas enemigas estaban llegando a las afueras de la ciudad.
“Mierda, con que solo me hubiesen hecho caso y nos hubieran dejado partir cuando lo solicité, hubiésemos tenido tiempo de cumplir la misión, o si hubiéramos tenido más blindados bajo mi mando, podríamos haber golpeado por otros ejes con más fuerza, o si hubiésemos recibido nada más que una Compañía de refuerzo...mierda, podíamos haber ganado y ahora nos batimos en retirada... aunque quien sabe...demasiados condicionales”, y así con la mitad de su cerebro sumido en sus pensamientos y la otra mitad atento a las mil cosas que suponía estar al mando del Batallón, el Teniente Coronel Juan Carlos Torres se alejaba de Uribia en su vehículo de mando.
Credito de la lámina: Lord Henry
"Si usted no tiene libertad de pensamiento, la libertad de expresión no tiene ningún valor" - José Luís Sampedro