Sólo en los Países Bajos había serios problemas, con revueltas que periódicamente ponían en cuestión la autoridad real y la fe católica. A pesar de las victorias que las tropas españolas conseguían las revueltas parecían nunca acabar, con lo que se apuntó a Inglaterra como la provocadora y auspiciadora de estas revueltas. En 1585 Felipe II decidió que había que acabar con ese foco y decidió invadir Inglaterra, destronar a Isabel I e instaurar de nuevo un monarca católico en dicho país.
En 1586 Felipe II recibió un mapa y distintas opciones de invasión de Inglaterra. Su autor era Bernardino de Escalante, se descartaron las posibilidades de un asalto en el Noroeste de Inglaterra (navegando al Norte de Escocia y luego al Mar de Irlanda) u otro asalto en Gales. La idea propuesta era mandar una potente flota que partiría desde Lisboa y que se dirigiría hacia el Sur de Irlanda, mientras la flota inglesa se dedicaba a defender la isla, el duque de Parma realizaría un ataque sorpresa en el condado de Kent con los veteranos tercios de Flandes. Felipe II hizo un solo cambio, aunque resultó ser fatal. Ordenó que la flota que partiese desde Lisboa debía ir hasta los Países Bajos con la misión de escoltar el cruce del canal por parte de los tercios.
Los tercios debían desembarcar en las costas de Kent y avanzar con decisión y rapidez hacia Londres y conquistarlo, preferiblemente con la reina todavía en la ciudad. Se esperaba que en Irlanda se levantasen contra los ingleses, así como que los católicos apoyasen la invasión. Si no se conseguía capturar a la reina y su séquito el duque de Parma tenía órdenes de, aprovechando la ocupación, conseguir tres concesiones:
Respeto al trabajo y obras de la Iglesia Católica, el fin de los viajes ingleses a costas americanas y la rendición de todas las ciudades holandesas defendidas por tropas inglesas.
El 21 de julio de 1588 una flota compuesta por 130 buques (la mayor que jamás se había visto por esas latitudes) zarpó de Lisboa al mando del Duque de Medina Sidonia, dispuesta a reunirse con los 27.000 veteranos del duque de Parma y sus más de 300 barcazas preparadas ya en los puertos de Dunquerque y Nieuwpoort.
¿Qué hubiera pasado si las tropas españolas hubieran desembarcado en suelo inglés? No es necesario escribir en este foro sobre los tercios de Flandes. Veteranos de mil batallas, algunos de los cuales llevaban 30 años en armas y cuyos oficiales en muchos casos habían ascendido tras mucho batallar. El duque de Parma había estado preparando meticulosamente el programa de embarque, incluyendo el preciso itinerario y orden en el que las distintas unidades debían embarcar e incluso él mismo llegó a supervisar dos ensayos. De hecho, cuando los buques que habían de hacer la escolta llegaron a los puertos prácticamente los 27.000 hombres (y todos los animales) consiguieron embarcar en 36 horas, algo realmente impresionante para un ejército de esa época. Lo cual demuestra la disciplina, orden y eficiencia tanto de la tropa como de los oficiales.
En caso de desembarco no había ninguna ciudad en el condado de Kent capaz de resistir el ataque español, de hecho las principales ciudades (Canterbury y Rochester) sólo disponían de sus anticuadas murallas medievales, así que una vez en tierra firme las tropas no hubieran tenido mayores problemas. De hecho en 1592 el duque de Parma cuando invadió Normandía con 22.000 hombres recorrió casi 100 kilómetros en 6 días, a pesar de la fuerte oposición encontrada ante un enemigo numéricamente superior. Así que los 130 kilómetros que separaban Margate de Londres se podrían haber realizado con relativa facilidad en una semana. Incluso Londres representaba un objetivo fácil, que contaba tan solo con sus murallas medievales. Dichos muros apenas habían cambiado desde que en 1554 Sir Thomas Wyatt organizó una rebelión contra el matrimonio de María de Tudor con Felipe II. Los insurgentes marcharon a través del condado de Kent, cruzaron el Támesis a la altura de Kingston, avanzaron impunemente a través de Westminster hasta que llegaron a las murallas de la ciudad, donde Wyatt, no disponiendo de artillería, perdió toda posibilidad.
Isabel tenía que confiar en sus propios veteranos de las guerras de Flandes (unos 4.000 hombres), lo cual no era muy alentador, ya que habían demostrado en multitud de ocasiones su mayor aprecio al oro español que a la causa a la que servían, habiendo rendido bastantes plazas sin realizar un solo disparo a cambio de cuantiosas cantidades de dinero. En Londres las “trained bands”, que habían estado recibiendo instrucción y entrenamiento militar dos veces a la semana desde marzo, quizá pudieran oponer cierta resistencia, no obstante y no habiendo estado anteriormente en ningún combate real muchos dudaban de su eficacia real. De las milicias de los condados apenas se podía esperar nada, sus comandantes temían que antes terminaran disparándose unos a otros antes que acertar sobre los soldados de los tercios. Del pueblo una minoría poseía armas de fuego, y esas personas tan solo recibieron pólvora para disparar 3 o 4 veces. Por último la reina se vio en la obligación de mantener 6.000 soldados en la frontera con Escocia, por si a Jaime VI (cuya madre había sido ejecutada por orden de Isabel el año pasado) le daba por atacar a Inglaterra.
Las órdenes de movilización de las milicias llegaron tarde (27 de julio). Una barrera sobre el Támesis que evitaba la entrada de barcos no había sido reparada, un puente flotante que tenía que unir las tropas de Kent y Essex no había sido completada, incluso en Tilbury, que era el eje de las defensas inglesas, el trabajo en las fortificaciones empezó el 3 de agosto, justo cuando la Armada pasaba la isla de Wight. Tres días después de que la flota echara el ancla en Calais, las tropas del condado de Kent empezaron a desertar en un número considerable.
Mucho de este desconcierto y desorganización provenían de la pobreza y el aislamiento. Isabel no podía conseguir dinero suficiente, ni del interior (donde el enfrentamiento con España había provocado una recesión) ni del exterior, donde la mayoría de prestamistas pensaban que la victoria estaba del lado de Felipe II.
A pesar de las bancarrotas que se produjeron en el reinado de Felipe II, este era sin lugar a dudas el monarca con más recursos de Europa. Entre 1587 y 1590 la liga católica francesa recibió 1.500.000 ducados, durante el mismo tiempo los tercios de Flandes recibieron 21 millones de ducados. Felipe II dijo que había gastado 10 millones de ducados de su propio bolsillo en preparar la armada invencible. Si tenemos en cuenta que 4 ducados equivalían a 1 libra, el coste total del proyecto sobrepasaba los 7 millones de libras, mientras que los ingresos anuales de Isabel I en esa época rondaban las 200.000 libras.
Así que ¿qué hubiera pasado? Por un lado podemos pensar que Inglaterra hubiera pasado a ser un país eminentemente católico (como así se consiguió con Francia) y que (al menos momentáneamente) los corsarios ingleses hubieran dejado de hostigar a los buques españoles, las expediciones al Norte de América hubiesen cesado y la resistencia en los Países Bajos hubiera sido aplastada. Todo esto hubiera supuesto que el dominio de España en Europa probablemente se hubiera prorrogado en el tiempo. Pero a la larga lo más probable es que Flandes consiguiera su independencia, que Francia e Inglaterra continuaran creciendo y el poderío español decreciendo (aunque a un ritmo menor).
La gran incógnita, (esto va dedicado a Yorktown

Saludos.
Florencio
P.S. Aunque he consultado alguna otra fuentey he aportado algo, lo que he hecho es básicamente traducir (una versión reducida y sencilla) desde el libro WHAT IF? Military historians imagine what might have been. 2001 Pan Books. El ensayo es de Geoffrey Parker