Exacto.
Un oficial francés bragado en las Guerras de Sucesión Austriaca en Europa y de los Siete Años en la Nueva Francia americana, donde fue uno de los oficiales más importantes de las fuerzas francesas derrotadas con el grado de capitán. Tras la batalla de La Belle-Famille en el Niágara fue capturado por las fuerzas iroquesas pro-británicas y torturado junto a 16 oficiales franceses. Los británicos le rescataron de la tortura, fue hecho prisionero de guerra y enviado a Nueva York.
A pesar de los errores cometidos en la dirección de las tropas francesas adquirió fama de valeroso y buen oficial. Casualmente la derrota le trajo buena suerte: Tras un intercambio de prisioneros, donde Aubry fue liberado, fue recompensado por el rey, nombrándolo caballero de la l'Ordre Royal, et Militaire de St. Louis con destino a la Louisiana francesa como comandante militar.
En 1765 otro golpe del azar le llevó a ocupar la gobernación accidental de la Louisiana, al morir el gobernador d'Abbadie. Lo que debería haberle encumbrado a la cima de una carrera de éxito, pero no sobresaliente, se convirtió en el motivo por el que Aubry es una figura histórica polémica, muy discutida y mal valorada por los franceses y en Nueva Orleans durante casi siglo y medio.
Por aquel tiempo la colonia ya sabía que los reyes de España y Francia habían pactado en secreto la cesión de la Louisiana a España en 1762, confirmado por el Tratado de París de 1763. Un impresor había esparcido rumores de la existencia del pacto secreto de Fontainebleau y un teniente inglés, Philip Pittman, de paso por Nueva Orleans hacia Baton Rouge para ponerla bajo bandera británica confirmó a los habitantes el cambio de soberanía. Finalmente, el gobernador d'Abbadie, que actuaba como administrador francés en nombre de los españoles informó oficialmente que el cambio de control debía hacerse el 4 de febrero de 1765. Pero la fecha pasó y el gobernador murió sin que hubiera llegado un reemplazo español.
Aubry, como responsable accidental, recibió la orden escrita del rey Luis XV para transferir el territorio de la colonia a la administración española de manera ordenada. De esta manera, Luis XV ignoraba las quejas de los colonos franceses -el rey se negó incluso a recibir a Jean Milhet, enviado desde la Louisiana para hacerle renunciara a los acuerdos con España-. Finalmente El 5 de marzo de 1766 desembarcó en Nueva Orleans don Antonio de Ulloa, un reputado militar y naturalista español, procedente de Cuba, acompañado de los buques Rey de Prusia y El Volante y con una escolta militar de 75 soldados.
Los criollos le acogieron con absoluta frialdad. Se duda incluso que se celebrara formalmente la cesión de poderes entre Aubry y Ulloa, aunque la relación entre ambos no fue mala. El nuevo gobernador chocó con los criollos, aunque pronto abandonó la capital para dirigirse a Balize a izar la bandera española y a estudiar fenómenos astronómicos con gran parte de la fuerza española y dejó los asuntos administrativos a Aubry.
Ulloa esperaba la llegada de un regimiento español (que se debía llamar Fijo de Luisiana) procedente de Cuba para sustituir a las tropas francesas y asegurar el control de la colonia. Pero las fuerzas no llegaban y los problemas se acumulaban. Los criollos le recibieron mal por sospechar que el control español les perjudicaría en sus actividades comerciales habituales y acabaría con el lucrativo negocio de contrabando con los territorios de Nueva España, pero, además, la situación económica de la colonia era muy mala incluso antes de la llegada de Ulloa. No se podía pagar adecuadamente a las tropas. Los criollos acomodados conformaron el llamado Consejo Superior de Gobierno, con la colaboración de más de un militar francés opuesto al dominio español.
Ulloa intentó sustituir la moneda francesa por el peso, además de prohibir cualquier tráfico comercial de la Luisiana (ya no Louisiana) con puertos que no fueran españoles y de obligar a emplear buques españoles para ello. Esto significaba cortar los cordones umbilicales comerciales con Francia y sus colonias. Vio inaceptable la actitud del Consejo Superior y recomendó a Cuba la sustitución de dicho Consejo. Sin embargo, trató de lidiar la animadversión criolla evitando aplicar íntegramente la orden de instaurar el sistema administrativo español (basado en el Cabildo). Ideó una Asamblea judicial con una composición mixta entre españoles y criollos (con mayoría criolla) y mantuvo el Consejo.
Los criollos estimaron que los españoles no tenían una voluntad real de tomar el control de Luisiana y creyeron posible actuar para retornar al control francés. Así, comandados por Lafrénière (fiscal general de la época de la administración francesa), el comisario Foucault, los hermanos comerciantes Milhet, otros comerciantes (Canesse, Petit, Poupet, Marquis), el oficial suizo Noyen al servicio de Francia, los terratenientes Villeré (comandante de las milicias de la Costa de los Alemanes) y Mauzan, además del abogado Doucet, entre otros miembros del Consejo, se unieron para conspirar contra los españoles.
En el otoño de 1768, el comisario Denis Nicolas Foucault y el fiscal Nicolas Chauvin de Lafrénière (ambos aún en sus puestos, debido a la transitoriedad administrativa) lideraron una revuelta para echar al gobernador Ulloa. Joseph Milhet y Joseph Villeré fueron enviados a distintos lugares de Luisiana para alimentar la rebelión. Pierre Marquis se puso al mando de las milicias de Lousiana y Mauzan viajó a la nueva colonia británica de Florida Occidental para buscar auxilio económico y militar.
Los conjurados arrestaron al oficial francés Gilberto de St. Maxent (que había aceptado trabajar junto a Ulloa y se encargaba del comercio criollo con distintas tribus indias (incluidos los sioux y los lejanos ottawas).
A finales de octubre la revuelta había estallado en la capital y Aubry tuvo que escoltar al gobernador Ulloa y a su mujer hasta el puerto para que embarcaran en El Volante de vuelta a Cuba. La revuelta había triunfado sin derramamiento de sangre.
Poco después el oficial de St. Maxent fue liberado y Jean Milhet tuvo tiempo de volver de su segundo viaje a Francia, donde había vuelto a tratar -infructuosamente- que Luis XV recuperara el control de la Lousiana... España tardó un tiempo en reaccionar, pero finalmente lo hizo. Envió al muy prestigioso general de origen irlandés Alejandro O'Reilly con 2.000 soldados del Fijo de Luisiana a tomar el poder y a acabar con la revuelta.
Al llegar a Nueva Orleans en julio de 1769 fue recibido por Aubry, quien reiteró la obediencia a los acuerdos hispano-franceses y se puso a la disposición del nuevo Gobernador. El nuevo Gobernador se tomó la asunción de poderes de manera tranquila y educada. El Consejo insurrecto ahora se declaró fiel al rey de España y se empeñó en hacer notar a O'Reilly que su "trastada" había concluido sin muertos. O'Reilly aparentó olvidar la afrenta, pero había recibido órdenes secretas estrictas de juzgar a los cabecillas de la rebelión y castigarlos de acuerdo a la ley para eliminar de la colonia a todos los individuos que pudieran turbar la tranquilidad de la colonia.
La historiografía criolla dice que Aubry se apresuró a revelar a O'Reilly el nombre de los conspiradores. O'Reilly esperó a que se celebrara la ceremonia formal de toma de posesión con la izada de la bandera española en Nueva Orleans el 18 de agosto para cumplir las órdenes. Citó, seguramente por mediación de Maxent, al día siguiente a los principales conjurados a la sede del gobierno a una cena.
Allí apresó a Lafrénière, Marquis, Mauzan, a los Milhet, a Petit y Caresse. Poco después arrestó a quienes no habían asistido a la cena. Foucault pasó a estar bajo custodia en respeto a su condición, Noyan cayó pocos días después, Villeré seguramente fue arrestado en sus plantaciones de la Costa de los Alemanes antes de poder escapar (y murió quizá el mismo día del arresto, quizá ejecutado in situ o quizá muerto antes del juicio). También fueron arrestados Doucet y Poupet.
Lafrénière, Marquis, Caresse, Joseph Milhet y Noyan fueron ejecutados el 25 de octubre. Petit fue condenado a sentencia perpetua. Jean Milhet, Doucet y Poupet recibieron condenas entre 6 a 10 años de prisión, aunque, junto a Petit sólo pasaron un año en el Morro de La Habana antes de ser liberados. Foucault fue enviado a Francia donde pasó año y medio en La Bastilla. Otros conjurados lograron evadir las penas en Francia.
Con los líderes juzgados y la revuelta terminada O'Reilly tuvo tiempo de recuperar el bienestar económico en la Luisiana, abrir la primera farmacia e instaurar el Código Civil español antes de ceder el gobierno al nuevo Gobernador, don Luis de Unzaga en diciembre de 1769 (aunque O'Reilly conservó el poder militar como Capitán General un tiempo más).
Aubry salió de Luisiana con destino a Francia a bordo del Père de Famille poco tiempo después del juicio a los conjurados. El buque naufragó en febrero de 1770 frente al faro de Cordouan, en el estuario de Gironda en una semana donde las tormentas provocaron el hundimiento de otros buques franceses a lo largo de la costa francesa. En el Journal politique de 1770, la prensa de la época, se dice que la culpa del desastre la tuvo el piloto del buque, que no estimó bien la distancia al faro en medio de la niebla marina. Se decía que el barco venía con ricas mercancías procedentes de Nueva Orleans y sólo citaba entre las víctimas al "
Capitán y Cirujano Mayor" Aubry, quien viajaba "
cargado de bienes y honores" otorgados por los españoles por sus servicios en la Luisiana.
La literatura criolla consideró entonces y durante mucho tiempo que Aubry había traicionado a los suyos, quizá por dinero -como se demostraba con las riquezas con las que volvía a Francia- o quizá por temor a que O'Reilly le incluyera entre los merecedores de castigo.
Sin embargo, la perspectiva moderna es que Aubry se limitó, como militar, a cumplir las órdenes recibidas del propio rey para pasar el control de la Lousiana a los españoles.
O'Reilly, sin embargo, recibió el sobrenombre de Sangriento, por lo que los norteamericanos le conocen como Bloody O'Reilly. Las evaluaciones modernas también le alivian ese calificativo. Cumplía las órdenes del ministro de Estado, el marqués de Grimaldi, quien también había informado a París, a través del embajador español, el Conde de Fuentes, que O'Reilly era enviado con instrucciones de castigar a los conspiradores en cumplimiento de la voluntad del rey de España (y de expulsar a los que más gravemente hubieran atentado contra la soberanía española).
Hoy Aubry tiene una calle en su honor en Nueva Orleans -desde principios del s. XX-, como las tiene el gobernador francés que le precedió d'Abbadie y las tienen Ulloa y Unzaga (aunque allí lo llaman Onzaga)... a quien la Historia y el tiempo no han perdonado en Nueva Orleans es a O'Reilly, el único de sus contemporáneos que no tiene una calle en su honor en la ciudad.
Aquí una foto de Aubry St. en Nueva Orleans... con el folklore típico.
Así que la cosa queda así:
Xenophonte,
1
Albertopus, 1
Tu turno...
Saludos