En el gobierno del Tercer Reich (1933 - 1945) estuvo lleno de personajes malos, muy malos y perversos tal como es el caso de Artur Axmann.
Artur Axmann nació en 1913 y murió en 1996, es decir que llegó a la avanzada edad de 83 años, pero fue responsable directo de la muerte de miles de jóvenes alemanes de las llamadas Hitlerjugend o Juventudes Hitlerianas (JH) que fueron obligados a combatir a edades tan temprana como 12 años al final de la guerra especialmente durante la Batalla de Berlín, pero mientras exigió sacrificio hasta el final el mismo huyó de Berlín antes de afrontar la suerte de sus tropas, mientras el huía, los últimos JH combatían y morían inútilmente contra el ejército rojo o eran colgados por los tribunales volantes alemanes por deserción.
Foto de Axmann (izquierda) con Hitler condecorando a combatientes de la JH en abril de 1945.
Foto de soldados alemanes menores de edad sacrificados inútilmente al final de la guerra.
Foto de Axmann bajo interrogación de la inteligencia de Estados Unidos después de ser capturado.
Foto de Axmann después de ser liberado por Estados Unidos, cumplió menos de 5 años de prisión, nunca fue juzgado por crímenes de guerra, vivió hasta los 83 años a diferencia de sus niños soldados que fueron sacrificados inútilmente durante la guerra.
“Si la libertad significa algo, será sobre todo el derecho a decirle a la gente aquello que no quiere oír.”
— George Orwell
Artur Axmann (1913–1996) fue el último *Reichsjugendführer*, es decir, jefe nacional de las Juventudes Hitlerianas (*Hitlerjugend*).
Sucedió a Baldur von Schirach en agosto de 1940. Durante su dirección, la organización fue adquiriendo un carácter cada vez más militarizado. El propio Museo Histórico Alemán señala que Axmann impulsó la transformación militar de las Juventudes Hitlerianas y que el servicio de patrulla de la HJ fue convertido en una organización de reclutamiento para las Waffen-SS.
Esto es importante porque Axmann no empezó a utilizar niños en combate únicamente en abril de 1945. El proceso llevaba años desarrollándose. En 1943 se creó la 12.ª División Panzer SS *Hitlerjugend*, formada inicialmente por jóvenes nacidos en 1926, es decir, muchachos de unos 16–17 años.
Pero en 1945 la situación fue mucho más extrema: el régimen comenzó a utilizar muchachos considerablemente menores.
El colapso alemán y la movilización de adolescentes
En los últimos meses de la guerra, Alemania había perdido gran parte de su ejército disponible. El régimen creó el Volkssturm, una milicia territorial que oficialmente debía incluir hombres de 16 a 60 años. En la práctica, en las últimas semanas se incorporaron muchachos todavía menores, incluso miembros de las Juventudes Hitlerianas de 12 años.
Axmann fue uno de los principales impulsores de esta movilización juvenil.
Una investigación académica que recoge documentación y testimonios sobre la movilización de 1945 señala que Axmann llegó a proponer a Hitler la utilización de 180.000 muchachos de 14 años en el frente oriental. Posteriormente se contempló movilizar otros 100.000 jóvenes para reforzar las líneas defensivas.
“Si la libertad significa algo, será sobre todo el derecho a decirle a la gente aquello que no quiere oír.”
— George Orwell
Durante la Batalla de Berlín desde abril de 1945 los últimos acólitos de Hitler se esforzaron en demostrar lealtad con la sangre de otros, así Joseph Goebbels formó su batallón personal Volkssturm con burócratas del Ministerio de Propaganda. Axman por su parte creó la Brigada Axmann, formada con varios batallones de las Juventudes Hitlerianas, estos chicos fueron empleados principalmente en operaciones antitanque al este de la posición defensiva exterior de Berlín. Estaban armados principalmente con fusiles y Panzerfaust. Tenía aproximadamente 600 muchachos y había sido organizada para combatir carros soviéticos. La documentación disponible indica que fue desplegada en el frente del Oder y posteriormente terminó combatiendo en la zona de Berlín.
El método de combate era brutalmente sencillo:
* esperar a los tanques soviéticos;
* acercarse a corta distancia (menos de 100 metros);
* atacar con Panzerfaust;
* destruir el carro;
* retirarse o morir.
Para un adolescente de 15 o 16 años esto significaba enfrentarse prácticamente cuerpo a cuerpo con un tanque. Los chicos combatieron con valor y destruyeron decenas o centenas de tanques soviéticos durante los últimos días de la batalla de Berlín, pero así mismo los soviéticos causaron la muerte de una gran mayoría especialmente cuando fueron obligados a defender los puentes de Pichelsdorf.
Última edición por chayane el 20 Sep 2026, 19:39, editado 1 vez en total.
“Si la libertad significa algo, será sobre todo el derecho a decirle a la gente aquello que no quiere oír.”
— George Orwell
La acción en los Puentes de Pichelsdorf (que cruzan el río Havel en el oeste de Berlín a unos 20 Km de distancia del Fuhrerbunker) fue uno de los episodios más dramáticos, trágicos y desesperados de la batalla de Berlín en abril de 1945. La orden directa de Adolf Hitler fue defender estos puentes a toda costa. El motivo era estratégico, pero completamente irreal: debían mantenerse abiertos para permitir la entrada a la ciudad del XII Ejército del general Walther Wenck, una fuerza de socorro alemana que Hitler creía que rompería el cerco soviético. Sin embargo, el ejército de Wenck ya estaba diezmado y atrapado, existiendo prácticamente solo sobre el papel.
El 23 de abril de 1945, la defensa de la posición le fue encomendada a las Juventudes Hitlerianas (Hitlerjugend) y unidades regulares de ejército. Se organizó un contingente bajo el mando de Arthur Axmann (líder de las juventudes nazis).
Fuerza estimada: Las fuentes históricas varían; algunos registros operacionales de Axmann estiman un batallón de entre 500 y 600 chicos fuertemente armados, los combatientes eran adolescentes de entre 14 y 17 años. Los cascos de acero les bailaban en la cabeza y estaban armados principalmente con fusiles y, sobre todo, con gran cantidad de Panzerfaust.
A partir del 24 y 25 de abril, las vanguardias blindadas e infantería del Ejército Rojo llegaron a la zona del río Havel. Los adolescentes alemanes, movidos por el fanatismo ideológico y el miedo, ofrecieron una resistencia feroz. Utilizando las ventajas del terreno y parapetados en las estructuras de los puentes, los jóvenes lograron destruir varios tanques soviéticos rusos usando sus Panzerfaust a muy corta distancia. La respuesta soviética fue implacable: al encontrarse con focos de resistencia rígidos, utilizaron artillería pesada y fuego de mortero para machacar las posiciones defensivas antes de enviar a la infantería. Los chicos no tenían la instrucción táctica ni la cobertura adecuada para sobrevivir a semejante bombardeo.
Los puentes se defendieron durante aproximadamente cinco días. Para cuando la resistencia colapsó hacia el 28 y 29 de abril, el panorama era desolador. En los peores sectores de la línea de defensa, el índice de bajas fue espeluznante. Estimaciones tradicionales indican que cientos (o miles, según la escala del despliegue total en los vecindarios periféricos) de estos niños murieron o sufrieron heridas graves en los combates. Los supervivientes esperaron en vano al ejército de Wenck, el cual nunca apareció porque se desvió hacia el Elba para rendirse ante los estadounidenses y salvar a sus propios hombres. Irónicamente, para lo que sirvió el sacrificio es para que pocos oficiales y mensajeros terminaron usando esos mismos puentes, no para recibir refuerzos, sino para intentar huir hacia el oeste de Berlín e intentar romper el cerco soviético durante la desbandada general tras el suicidio de Hitler el 30 de abril.
La acción en los Puentes de Pichelsdorf quedó registrada en la historia militar como uno de los ejemplos más crueles del sacrificio inútil de menores de edad por parte de la cúpula nazi en los estertores de la guerra.
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— George Orwell
En febrero de 1945, Adolf Hitler ordenó la creación de estos consejos de guerra itinerantes, formados principalmente por fanáticos de las SS y oficiales militares fanáticos. Su único objetivo era detener el colapso de las defensas ejecutando de forma inmediata a cualquiera que mostrara "cobardía", intentara desertar o simplemente no estuviera en su puesto de combate.
Ejecuciones de niños soldados
Aunque las Juventudes Hitlerianas eran consideradas de los combatientes más fanáticos en la defensa de Berlín, muchos eran niños de entre 11 y 16 años que terminaron presos del pánico ante el brutal avance del Ejército Rojo.
• Juicios de segundos: Los tribunales volantes recorrían las calles y túneles del metro en furgonetas. Si encontraban a un joven rezagado, escondido o sin armas, el juicio duraba apenas unos minutos.
• Colgados en público: Se les colgaba de inmediato en farolas, árboles o postes de luz.
• Letreros humillantes: Era una práctica común dejar los cadáveres expuestos con carteles colgados al cuello que decían textos como "Soy un cobarde", "Traicioné al Führer" o "Ayudé a los bolcheviques". Esto se hacía para aterrorizar al resto de la población y obligar a otros niños a seguir peleando.
• Los últimos chicos sentenciados de la JH fueron colgados el 2 de mayo, el mismo día de la rendición de Berlín, mientras Artur Axmman y los otros miembros del gobierno huían o trataban de huir de Berlín dejando a la población y los combatientes a su suerte.
“Si la libertad significa algo, será sobre todo el derecho a decirle a la gente aquello que no quiere oír.”
— George Orwell
Mientras miles de niños y adolescentes de las Juventudes Hitlerianas morían combatiendo ciegamente en las calles de Berlín, su líder máximo, el Reichsjugendführer Artur Axmann, se encontraba protegido bajo tierra en el búnker de Hitler planificando y ejecutando su huida personal de la ciudad.
Las acciones detalladas de Axmann durante esos dos días críticos se dividieron de la siguiente manera:
1 de mayo de 1945: Preparación y escape del búnker
Tras presenciar el suicidio de Adolf Hitler el 30 de abril, Axmann pasó la mayor parte del 1 de mayo a salvo en el Führerbunker. Tras el fracaso de los intentos de Joseph Goebbels por negociar un armisticio con el Ejército Rojo, el búnker entró en pánico total.
• El plan de huida: Se organizó un plan masivo de fuga nocturna para romper el cerco soviético. Los ocupantes del búnker se dividieron en varios grupos pequeños.
• La huida (11:00 PM): Cerca de las 11 de la noche, Axmann abandonó definitivamente el búnker. Formó parte de uno de los grupos de escape más importantes, integrado también por Martin Bormann (secretario de Hitler), el médico de las SS Ludwig Stumpfegger y el piloto Hans Baur.
2 de mayo de 1945: Huida por el subsuelo y abandono de Berlín
Durante la madrugada y las primeras horas del 2 de mayo, mientras la guarnición de Berlín se rendía oficialmente ante los soviéticos, Axmann y sus acompañantes se movieron entre las ruinas y los túneles del metro para esquivar el fuego enemigo.
• El cruce del río Spree: El grupo caminó por las vías del tren subterráneo hasta la estación de Friedrichstraße. Lograron cruzar el río Spree siguiendo a un tanque alemán, bajo un intenso fuego soviético. Durante el cruce varios integrantes del grupo fueron heridos o muertos.
• El encuentro con los cadáveres de Bormann y Stumpfegger: Axmann afirma que después de cruzar el río Spree con Bormman y otros se acercaron a la estación de tren Lehrter donde se toparon con soldados soviéticos amistosos, el grupo se dispersó entonces. Axmann intentó avanzar hacia el oeste, pero se topó con tanques soviéticos, lo que lo obligó a retroceder. En su retirada por las vías del tren cerca de la estación de Lehrter (hoy la Estación Central de Berlín), Axmann encontró los cuerpos sin vida de Martin Bormann y Ludwig Stumpfegger. Ambos se habían suicidado ingiriendo cápsulas de cianuro para evitar ser capturados.
• La fuga de la ciudad: Escondiéndose entre los escombros logró evitar la captura y huyó en solitario hacia las afueras de Berlín, mientras los jóvenes de la JH eran capturados y enviados a los campos de prisioneros de guerra a enfrentar un futuro incierto en la URSS.
A diferencia de los miles de jóvenes a los que arrastró a la muerte bajo falsas promesas de victoria, Axmann logró romper el cerco de la ciudad con éxito. Logró evitar a las tropas soviéticas y huyó hacia Baviera, donde vivió oculto bajo la identidad falsa de "Erich Siewert" durante varios meses hasta que fue arrestado por el contraespionaje estadounidense en diciembre de 1945.
Clandestinidad y captura
Durante su tiempo en la clandestinidad, Artur Axmann no se limitó a esconderse, sino que intentó reactivar el nacionalsocialismo. Tras huir de Berlín y refugiarse en la región de Baviera bajo la identidad falsa de "Erich Siewert", comenzó a organizar un movimiento nazi subterráneo. Su plan consistía en reagrupar a antiguos oficiales de las Juventudes Hitlerianas para sentar las bases de lo que él pretendía que fuera un futuro "Cuarto Reich"
El servicio de inteligencia del Ejército de los Estados Unidos (CIC) detectó movimientos sospechosos de agitación nazi y actividades en el mercado negro dentro de las zonas ocupadas. Al investigar la red de contrabando y propaganda clandestina, los agentes estadounidenses descubrieron la existencia de una conspiración nazi organizada.
En diciembre de 1945, el CIC desplegó una operación de contrainteligencia a gran escala en Baviera. Consiguieron infiltrar y desmantelar el grupo clandestino que Axmann lideraba. Durante las redadas, las fuerzas estadounidenses detuvieron al supuesto "Erich Siewert". Al verificar sus huellas dactilares y contrastar su fisonomía, confirmaron que se trataba del mismísimo Reichsjugendführer que se creía muerto en Berlín.
Posteriormente, Axmann pasó por los procesos de desnazificación y los Tribunales de Núremberg, donde sirvió como un testigo clave para confirmar el suicidio de Hitler y la muerte de Martin Bormann, antes de ser condenado a prisión por sus propios crímenes.
Juicio, condena y liberación.
Artur Axmann pasó un total de 3 años y 3 meses (39 meses) bajo custodia, pero con una particularidad legal: no tuvo que cumplir tiempo adicional en prisión después de su juicio.
Cuando un tribunal de desnazificación de Núremberg lo condenó en mayo de 1949 a esa pena específica de 3 años y 3 meses al clasificarlo como un "ofensor principal" (Hauptschuldiger), los jueces determinaron que la condena ya había sido totalmente saldada por el tiempo que había pasado en prisión preventiva y bajo interrogatorios desde su captura en diciembre de 1945.
El desarrollo de su situación judicial posterior fue el siguiente:
• Absolución de crímenes de guerra: El tribunal determinó que, aunque fue el máximo responsable de adoctrinar ideológicamente a millones de niños y enviarlos a una muerte inútil en batallas como la de Berlín, técnicamente no era culpable de crímenes de guerra organizados o crímenes contra la humanidad en el sentido militar tradicional. Fue puesto en libertad de inmediato tras el veredicto de 1949.
• El juicio de 1958: Casi una década después, en agosto de 1958, un tribunal de desnazificación de Berlín Occidental volvió a juzgarlo. Tampoco recibió una pena de cárcel, pero fue declarado culpable de seguir adoctrinando a la juventud alemana hasta el último día de la guerra. Se le impuso una multa de 35,000 marcos alemanes (aproximadamente la mitad del valor de todas sus propiedades e inmuebles en Berlín), lo que lo obligó a vender su casa para poder pagar al Estado.
Tras resolver sus cuentas con la justicia, Axmann se reinsertó en la sociedad alemana. Trabajó con relativo éxito en el sector comercial como representante de ventas, vivió unos años trabajando para una empresa turística en Gran Canaria (España) y finalmente regresó a Berlín Occidental, donde falleció en libertad en octubre de 1996 a los 83 años.
“Si la libertad significa algo, será sobre todo el derecho a decirle a la gente aquello que no quiere oír.”
— George Orwell
Artur Axmann nunca manifestó un arrepentimiento genuino ni pesar profundo por haber enviado a morir a miles de niños y adolescentes de las Juventudes Hitlerianas durante la guerra o la Batalla de Berlín.
A lo largo de su vida en la posguerra y hasta su muerte en 1996, la postura de Axmann se caracterizó por la justificación ideológica, la evasión de su responsabilidad personal y la nostalgia hacia el régimen nazi.
Los registros históricos y sus propias declaraciones muestran cómo manejó este tema:
1. Justificación en sus memorias
En 1995, un año antes de morir, Axmann publicó sus memorias tituladas "Das kann doch nicht das Ende sein" ("Esto no puede ser el fin"). En el libro, lejos de pedir perdón o mostrar remordimiento por el trágico destino de los jóvenes a su cargo, presentó el sacrificio de los niños como un acto de "heroísmo patriótico necesario" para defender a Alemania de la invasión soviética. Para él, los menores no fueron víctimas de un adoctrinamiento criminal, sino "soldados valientes" que cumplieron con su deber.
2. La culpa transferida a Hitler y el sistema
Durante sus interrogatorios tras ser capturado por las fuerzas estadounidenses en diciembre de 1945, y en sus posteriores comparecencias ante los tribunales, Axmann adoptó la estrategia común de muchos altos mandos nazis: alegar que él solo seguía órdenes del Estado y de Adolf Hitler.
• Argumentaba que, como Reichsjugendführer, su obligación legal y militar era movilizar a la juventud según los decretos oficiales de defensa nacional (como la creación de la milicia Volkssturm).
• Desvió la culpa moral asegurando que la desesperada situación militar de 1945 no fue provocada por él, sino por el colapso general del alto mando.
3. Evitó condenar el Holocausto o el nazismo
A diferencia de otros exoficiales que expresaron horror al conocer la magnitud total de las atrocidades nazis tras la guerra, Axmann se mantuvo ideológicamente cercano al nacionalsocialismo. Su intento en la clandestinidad bávara de crear un movimiento juvenil nazi subterráneo demuestra que seguía creyendo en las bondades de la doctrina que le enseñó a esos niños. Hasta sus últimos días, evitó realizar declaraciones públicas de condena explícita hacia el Holocausto o los crímenes del Tercer Reich.
Los historiadores coinciden en que Axmann personificó el fanatismo ciego: un líder que, incluso viendo los cadáveres de niños de 12 años destrozados por la artillería en Berlín, prefirió culpar a la derrota militar y mantener intacta su devoción por la causa nazi antes que admitir que los había traicionado.
“Si la libertad significa algo, será sobre todo el derecho a decirle a la gente aquello que no quiere oír.”
— George Orwell