PILGRIM II
El avance inglés estaba siendo seguido por el general Sanz de Lerin desde una finca situada al sur de Valsequillo, el intento de avance hacia el norte había sido evidente, seguramente para conquistar la capital, sin embargo la falta de profundidad le daba una oportunidad potenciada por la falta de verdaderos bombarderos navales, pues la capacidad de los cazas fulmar parecía irrisoria.
Completado el desembarco inglés la situación de las fuerzas españolas no era demasiado mala, dos batallones de sector centro protegían Telde, mientras las fuerzas de reserva se habían movido a su derecha con una bandera de la legión situada en Santa Brígida, y un tabor de regulares más al sur cubriendo Valsequillo, seguidos de los restos del batallón que guarnecía Gando en Santa Lucía, completando el cerco un último batallón de sector en Juan Grande. Era preciso acortar distancias, por lo que las tropas aprovecharon la noche para hacer contacto con el enemigo aunque sin presionarlo.
El resto de batallones de sector estaban en Las Palmas, Guia, Las Palomas, y Arguineguin con un total de 6 batallones de infantería, uno por zona y dos batallones de reserva extras. En las Palmas además se estaba reuniendo dos batallones movilizables que pasarían a formar parte de la nueva reserva.
Mientras el coronel Luis Elorriaga desplego los grupos I y II de artillería a lo largo del frente, un total de 6 baterías, 3 de ellas equipadas con cañones Krupp de 77mm, y las otras con cañones de 105 y 155mm, todos ellos con ordenes de cambiar de posición varias veces al día, y tratar de disparar desde desenfiladas para evitar el fuego enemigo. Quedando el III grupo como reserva de artillería situado en las cercanías de Altenara. El despliegue se completaría con la artillería antiaérea que seguiría repartida por la isla cubriendo a las fuerzas españolas.
El general Robert Sturges estaba preparando sus propios planes, los royal marines habían llevado el peso de los combates el día anterior, y habían sufrido muchas bajas al estar en la zona llana del aeródromo, por lo que se atrincherarían en la zona ya conquistada para proteger el área permitiéndoles un descanso, mientras la brigada de infantería sería la encargada de avanzar hacia Las Palmas apoyada por los carros Tetrarch y por la artillería, tanto naval, como del grupo de campaña ya desembarcado. La armada por su parte aprovecho la noche para seguir trasportando pertrechos y retirando las bajas en las playas de Gando.
Al amanecer el fuego del barranco de Silva se había apagado al fin tras arder durante 16 horas, por suerte sin haberse extendido a las zonas cercanas más que en algunos puntos que ya habían sido extinguidos, por lo que únicamente hubo que lamentar algunas intoxicaciones y varias bajas mortales entre algunos heridos que no pudieron salir de la zona a tiempo.
El ataque británico se inicio de nuevo poco después del amanecer, sin embargo las fuerzas españolas opusieron una feroz resistencia, en gran parte gracias al abrupto terreno que permitió anular parcialmente la eficacia de la artillería naval inglesa, mientras las 4 compañías de infantería retrocedían alternamente cubiertas en todo momento por las dos compañías de ametralladoras, los 4 cañones Maclen, y morteros de 81mm. Aun así las fuerzas inglesas apoyadas por los carros Tetrarch lograron ocupar Goro a las once de la mañana, y Montañeta y Marpequeña 3 horas después. Para ese entonces el batallón español que protegía el acceso sur de las Palmas había sufrido ya 400 bajas entre muertos, heridos, y prisioneros, pero habían logrado retrasar a las tropas inglesas antes de retroceder hacia el interior de la isla, y el segundo batallón se había situado al otro lado del barranco de San Miguel tras volar su puente.
La artillería del acorazado Revenge sería fundamental para apoyar el avance de las fuerzas británicas.
Esa tarde el cruce del Barranco de San Miguel sería un verdadero suplicio para la infantería inglesa. El ataque empezó con una preparación de artillería, tanto terrestre como naval sobre las fuerzas españolas, seguido de un ataque de infantería que se vio en graves dificultades tanto por la defensa situadas al otro lado del barranco, como por la acción de la artillería que disparaba desde posiciones situadas varios kilómetros tierra adentro. Durante toda la tarde la flota trato de silenciar las baterías españolas, pero su localización fue casi imposible debido a lo abrupto del terreno, y tuvo que enviarse a los Fulmar a realizar la labor.
Durante 3 horas patrullas de fulmar trataron de localizar las baterías que hostigaban las posiciones inglesas, pero en numerosas ocasiones se vieron obligados a retroceder o efectuar los reconocimientos a demasiada altura debido a la acción de los antiaéreos, que sin embargo, no lograrían ningún derribo. Por fin dos fulmar lograron localizar y atacar una batería de Krupp de 77mm que estaba cambiando de posición, destruyendo un camión y causando 23 bajas a la batería. Uno de los fulmar quedaría averiado de resultas de esta acción al haber recibido el impacto de un proyectil de 20mm.
El barranco de San Miguel sería cruzado finalmente a las siete de la tarde tras lo cual se lograría un avance de más de 6 kilómetros siguiendo la carretera de la costa antes de verse obligados a detenerse en la playa de la Laja al enfrentarse a las defensas de la propia ciudad.
Las bajas británicas ascendían a otros 1.000 hombres y 4 carros de combate, y dos nuevos batallones españoles habían sido diezmados, pero ahora las líneas británicas se extendían a lo largo de casi 30km. Desde las alturas del centro de la isla se les hostigaba continuamente con fuego de fusilería, ametralladoras, morteros y artillería, siendo especialmente eficaces los regulares, que como verdaderos francotiradores batían a cuanto soldado ingles se descubría. Las líneas británicas empezaban a estar demasiado extendidas, aun así las fuerzas inglesas se reorganizaron situando un regimiento de los Royal Marines en vanguardia para asaltar la ciudad al día siguiente, mientras las fuerzas del ejército serían la reserva.
Desde su puesto de mando el general Sanz se estaba quedando sin reservas, por lo que ordeno a las reservas de los sectores que aun no habían sido empeñadas en combate que avanzasen hasta la cabeza de playa para reforzar el cerco. De igual forma el III grupo de artillería recibió orden de trasladarse en el barranco de Guayadeque al este de la población de Temisas, había que presionar a los británicos en todo su perímetro.
A todo hombre tarde o temprano le llega la muerte ¿Y cómo puede morir mejor un hombre que afrontando temibles opciones, defendiendo las cenizas de sus padres y los templos de sus dioses?" T. M.